El jardín

Anuales y Vivaces: anticipo de primavera

Antes de que los fríos del invierno se despidan del todo, estas anuales y vivaces ya llenan de colores los jardines, terrazas y balcones. Las encontrarás en tu centro de jardinería en febrero y marzo. Aunque algunas te parezcan las de toda la vida, cambian de año en año: los viveristas introducen mejoras y lanzan nuevas variedades.

Gazania (G. x hybrida ‘Grandiflora’)

La gazania es una planta anual oriunda de Suráfrica, ideal para las regiones secas y calurosas. Es poco tolerante al frío, pero a cambio tiene una gran resistencia a la sequía. Sus grandes flores amarillas, anaranjadas, rojas… aparecen durante los primeros meses de la primavera y se mantienen hasta el final del verano.

Primavera (Primula acaulis)

Esta planta anual es de las más precoces en florecer. Es muy fácil de mantener, siempre que se plante en una zona fresca y a media sombra. Resulta perfecta para macizos en tierras ricas, macetas y jardineras. En zonas de veranos frescos puede vivir varios años siempre que se vigile que no le falte riego en verano.

Margarita de los prados (Bellis perennis)

Anual de abundante floración precoz, da flores blancas, rojas y rosadas. Necesita un suelo fresco, rico en materia orgánica, riego moderado y exposición a pleno sol. Tolera las temperaturas bajas. Ideal para parterres, macetas y jardineras.

Margarita (Argyranthemum frutescens)

Vivaz de la familia de las compuestas, ofrece flores simples o dobles blancas, amarillas, rosadas y ahora incluso rojas (‘Starlight Red’). Vive bien en jardineras, parterres y macetas de gran tamaño y requiere pocos cuidados. Dado su rápido crecimiento es bastante exigente con el abonado. El pleno sol incentiva una floración abundante y continua desde finales del invierno hasta comienzos del verano. En las zonas frías hay que protegerla de las heladas.

Margarita del Cabo (Osteospermum ecklonis)

Margarita Del Cabo

Algunas variedades de la margarita del Cabo (Osteospermum) tienen pétalos en forma de cucharita.

Esta vivaz de origen surafricano antes conocida como Dimorphoteca brinda una precoz y larga floración. Junto a los colores blanco, lila, rosa, fucsia y púrpura de siempre ahora luce otros nuevos: anaranjados, ocres, malvas, amarillos (‘Yellow Halo’) e incluso bitonos (‘Volta’, rosa con el centro blanco). En algunas variedades, los pétalos de las flores se curvan en forma de cucharilla. Excelente en macizos, rocallas o jardineras en climas templados. Prefiere una exposición soleada en primavera y semisombra en verano en las áreas continentales. Se adapta bien a todo tipo de suelos. Es capaz de soportar heladas de hasta -5 grados si está bien implantada en el terreno. Requiere muy pocos cuidados. La inducción de la floración viene dada por la acumulación de horas de frío, por tanto da flor habitualmente desde finales del invierno hasta entrado el verano; en climas más frescos brinda una segunda floración en otoño.

Aubrieta (Aubrieta cultorum)

Vivaz resistente al frío, es inigualable llenando rincones y taludes no muy secos; es tapizante y vive a gusto en rocallas y en las grietas de los muros de piedra. Prefiere un sustrato neutro, no muy seco, rico en materia orgánica. Se da bien en exposiciones soleadas o en semisombra. Florece de marzo a mayo. Conviene aplicarle abono orgánico en primavera y una poda baja después de la floración.

Cantueso (Lavandula stoechas)

Es una de las plantas aromáticas por excelencia. Sus flores, de agradable perfume, se presentan en forma de espigas con grandes pétalos en lo alto. Es endémica en muchas zonas del área mediterránea, en terrenos más bien ácidos. La mayoría de las variedades actuales tienen un porte natural compacto, de modo que las podas deben ser esporádicas. Al ser acidófila y dado que las aguas de riego suelen presentar un alto contenido en cal se le debe aportar micronutrientes, especialmente hierro.

Conejitos o Boca de dragón (Antirrhinum majus)

Según el clima, esta especie de origen mediterráneo se comporta como anual o vivaz. Necesita un emplazamiento al sol o en semisombra y un suelo rico y bien drenado; no soporta las heladas. Últimamente se han introducido variedades muy floríferas, de colores muy atractivos o flores más grandes, como la variedad ‘Antirinca Peachy’. Es apta para tiestos, rocallas y arriates.

Clavel (Dianthus cariophyllus)

A partir de esta especie de origen mediterráneo, la hibridación ha dado lugar a una gran familia de plantas anuales de floración precoz, colores vivos y agradable perfume. Resulta tan adecuada en parterres como en macetas y jardineras a pleno sol; florece durante un largo periodo de tiempo. En zonas frías es mejor plantarla en tiestos y llevarla a cubierto durante el invierno. Hoy existen variedades muy espectaculares, como ‘Mondrian’, ‘Ten Nelke’ y ‘Carnelia’, al igual que la colección ‘Sunflor’, de flores dobles en siete tonos distintos. Más sobre el cultivo de claveles en Verde es Vida nº48, páginas 26-27.

Pata de canguro (Anigozanthos flavidus)

Unas curiosas flores rojas o amarillas que recuerdan la pata de un canguro caracterizan a esta vivaz rizomatosa originaria del suroeste de Australia. En las zonas cálidas ofrece una precoz y abundante floración. Es apta para la xerojardinería y requiere un suelo normal, exposición a pleno sol, y riego abundante mientras esté dando flores y escaso en invierno. Se aconseja abonarla con moderación. Para parterres, macetas y jardineras. En zonas frías se debe conservar dentro de casa durante el invierno.

Mesem o Margarita de Livingstone (Messembrianthemum)

Oriunda de la región del Cabo, Suráfrica, esta tapizante anual suculenta es muy apropiada para la jardinería sostenible. Sus copiosas y sedosas flores fucsias, amarillas, blancas o rojas aparecen desde comienzos de la primavera hasta que empieza el verano. Necesita mucho sol y temperaturas medias o altas; el frío y el exceso de agua la aniquilan. Vive mejor en suelos arenosos, pobres y bien drenados (ver ficha en Verde es Vida nº58, pág. 41).

Más flores de primavera temprana

  • Para sombra o semisombra, la violeta (Viola odorata), vivaz muy resistente al frío y poco exigente. Produce flores azuladas ligeramente perfumadas. Necesita un sustrato neutro, permeable y rico.
  • Las masas de flores blancas o rojas de la Saxifraga x arendsii, vivaz rústica, son de las primeras en aparecer en primavera. Tolera la sequía y es idónea para rocallas. La reciente aparición de nuevas variedades más compactas, como ‘Peter Pan’ o ‘Highlanders’, la ha vuelto a introducir con fuerza en los jardines. Necesita pleno sol en los climas frescos y semisombra en los cálidos, y un sustrato normal, nunca muy seco.
  • Otra vivaz muy resistente al frío es la Arabis caucasica, una rastrera que forma preciosos tapices de flores blancas entre febrero y abril. Necesita un sustrato neutro de riqueza media, permeable, entre húmedo y moderadamente seco. Prefiere una exposición a pleno sol.

Esta información ha sido elaborada con la colaboración de Corma y Grup Roig.

Jardín pequeño: Aprovechar el espacio

Para tener un bello jardín no hace falta disponer de mucho espacio, pero sacarle partido exige planificación. No se trata de quedarse en el rectángulo de césped con plantas alrededor. Hay todo un repertorio de trucos para crear zonas y focos de interés. Una chimenea para exteriores, un estanque, una fuente, un rincón chill out, unas plantas bien escogidas son solo algunos.

Jardin Pequeño

Jardin Pequeño

Uno de los retos a la hora de crear un jardín es aprovechar bien el espacio, algo imprescindible cuando los metros escasean. No hay lugar para la improvisación porque los errores, por pequeños que sean, no se pueden disimular.

La planificación es el punto de partida. Hay que empezar por tener claro qué áreas y elementos se quieren incluir: zona de estancia, chill out, pérgola, fuente, estanque, macizos con flores, algún árbol o arbusto aislado, zona de césped y áridos, caminos y pasos… No hay por qué renunciar a nada, en principio, pero sí distribuir las zonas al milímetro, y suprimir los caminos y pasos en la medida de lo posible.

Distribuir el espacio —por pequeño que sea— en sectores bien definidos contribuirá a crear sensación de orden y amplitud. Solo hay que echar mano de esos trucos de experto que permiten aprovechar bien la superficie disponible… y engañar al ojo para que parezca más amplio.

Despejar el espacio

La regla número uno es despejar el espacio, desplazando los elementos arquitectónicos y el mobiliario al perímetro, especialmente si son fijos.

Una asimetría ordenada, unos sectores bien definidos, el acierto en la elección de materiales y colores y, sobre todo, no recargar el espacio son aspectos clave en un jardín pequeño.

Pero si todo el jardín se alcanza de un vistazo será imposible disimular sus reducidas dimensiones, así que hay que aplicar la regla número dos: introducir algún elemento que rompa la continuidad visual. ¿El objetivo? Que haya zonas del jardín que no se perciban a simple vista. Es un efecto óptico que contribuye a dar sensación de profundidad.Ese elemento, además, servirá para fijar un punto visual central, que es la regla número tres. Puede ser una pérgola, una valla o un murete que delimite espacios, siempre ubicados sobre un lateral, no en el centro. El hecho de que exista un punto que focalice la atención, un golpe de efecto que rompa los límites, refuerza la ilusión óptica de que el jardín se prolonga más allá de nuestra vista.

Los materiales y el color

Una vez sentadas las bases, hay que escoger bien los materiales. El color es clave: los tonos claros crean sensación de amplitud, sobre todo en espacios pequeños sobre los que se proyectan muchas sombras (de edificios próximos, por ejemplo). Esta regla debe aplicarse tanto al color de las paredes, vallas y muros, pavimentos y muebles de jardín, como al de las plantas.

El orden racionaliza el espacio, lo que permite crear sensación de amplitud. Conviene, pues, utilizar formas definidas a la hora de distribuir las zonas: arriates, ejemplares aislados, zona de estancia… todo bien delimitado. Pero dos trucos potencian el efecto:

  • La asimetría —contribuye a que surjan rincones secretos—
  • La disposición en diferentes niveles —creando terrazas—, que confiere profundidad.

Respecto a las formas, delimitar áreas sinuosas, redondeadas, también amplía visualmente el espacio. Puede ser un camino —más ancho en el inicio y un poco más estrecho a medida que avanza hacia el fondo—, una zona de césped o áridos, una zona solada…

Menos es más

Otro recurso muy útil es, siempre que sea posible, aprovechar el paisaje que rodea al jardín e incorporarlo al propio. Lo más probable es que solo puedan vislumbrarse los ejemplares altos, como árboles y arbustos bien establecidos, tipo seto. Es una suerte, porque en ese caso, se puede prescindir de ellos en el propio, de modo que sean esos ejemplares del exterior los que proporcionen la masa verde que sirva de fondo. Y si el jardín está delimitado por un muro o una valla, cubrirlos de plantas —por ejemplo, trepadoras— permitirá que se fundan con el resto del jardín y se pierdan. Sin límites, el jardín no tiene fin.

Este recurso conduce a otra máxima a la hora de planificar un jardín pequeño: no recargarlo de plantas, elementos arquitectónicos o mobiliario. Tampoco de colores. Un jardín pequeño requiere más armonía, por eso, además de pocos elementos, han de estar bien escogidos.

Respecto a las flores, los colores claros potencian la sensación de luminosidad, especialmente si se cultivan al fondo del jardín: el espacio parecerá mayor. Los colores más vivos deben reservarse para la zona más próxima a la casa o la de estar, siempre que sean soleadas, y limitando la gama a un máximo de tres.

Jugar con las plantas

Barajar los diferentes portes, tamaños y épocas de floración o interés de las plantas permite sacar partido al rincón más pequeño. A ello contribuyen las plantaciones escalonadas, que potencian la perspectiva y crean profundidad. Como todo debe estar a escala, conviene elegir las variedades más pequeñas o enanas de una especie.

Hasta el tamaño de las hojas influye: los ejemplares de hoja grande deben estar más cerca de la casa y los de hoja pequeña, al fondo, así se pierden a la vista y parecerá que están más lejos. Aprovechar los paramentos verticales es otro de los recursos más socorridos cuando faltan metros: cubrir muros, pérgolas y arcos con trepadoras; colocar macetas en la pared, por ejemplo gitanillas (Pelargonium peltatum), como en los patios cordobeses; macetones con tutores dispuestos estratégicamente en un rincón a modo de columnas verdes… Cualquier hueco es bueno para colocar macetas: el alféizar de la ventana, los laterales de una escalera, una vieja mesa o un banco junto a una pared.

Plantas que sí

• Una base de perennifolias, tanto árboles y arbustos como herbáceas, que tengan buen invierno y garanticen color todo el año.

• Para las plantaciones estables conviene elegir especies que sean atractivas la mayor parte del año, o al menos dos de las cuatro estaciones: lantanas, madroños, arces japoneses, Nandina domestica, Pittosporum (existen variedades enanas), Coprosma…

• Plantas de crecimiento lento, que garanticen formas más ordenadas y reduzcan el trabajo de mantenimiento.

• Trepadoras no demasiado volubles, que crezcan muy pegadas a la pared, como las hiedras; incluso árboles y arbustos en espalderas.

• Plantas aromáticas: un jardín pequeño es un lugar perfecto para disfrutar de sus flores y su aroma.

• Árboles pequeños de hoja caduca, si se van a plantar cerca de la vivienda, de manera que el sol pueda entrar en invierno.

• Arriates con un solo tipo de flor, eso sí reflorecientes, como las alegrías (Impatiens), o de distintas flores en la misma gama tonal.

• Gramíneas, que tienen un bello otoño e invierno y no necesitan mantenimiento; incluso bambú, aunque bajo estricto control.

• Phormium, de hojas como espadas, en sus variedades enanas.

Plantas que no

• Árboles y arbustos que concentren su atractivo en periodos cortos de tiempo.

• Trepadoras muy volubles, de crecimiento tupido y desordenado, como la madreselva (Lonicera); resultan invasivas.

• Salvo en zonas muy acotadas, cactáceas, palmeras (sobre todo si son bajas, como la Cyca revoluta) y especies de hojas puntiagudas, como la yuca (Yucca gloriosa): pueden resultar peligrosas.

• Si hay niños en casa, las plantas tóxicas (adelfas o Nerium oleander, Euphorbia continifolia, Brugmansia o datura) y espinosas (Chaenomeles japonica, Berberis, rosales).

• Macizos de anuales muy variadas, sobre todo si no se ha planificado la plantación a partir de su calendario de floración.

• Ejemplares de hoja muy oscura (algunos Acer palmatum, Magnolia liliiflora, Cotinus ‘Royal Purple’), excepto si se ubican en zonas muy soleadas o en combinación con especies de tonos plateados.

Más información:

• Un jardín bonito todo el año, Verde es Vida nº 57, páginas 6-11.

• Jardines de sombra, Verde es Vida nº 54, páginas 20-24.

Plantas Aromáticas

En macizos, solas y mezcladas con otras especies, en terrazas, jardines, o en sencillas macetas, las plantas aromáticas son una fuente de aromas mediterráneos y suaves tonos azules.

Plantas Aromaticas

Plantas Aromaticas

Aromáticas es el nombre que reciben algunas plantas arbustivas o herbáceas que desprenden aceites esenciales almacenados en sus hojas cuando se frotan o se calientan. Han sido utilizadas por el hombre desde siempre; las antiguas culturas alcanzaron unos conocimientos admirables sobre sus propiedades y con gran ingenio se sirvieron de ellas como medicinas, conservantes, sazonadores, repelentes de insectos, además de disfrutar de sus placenteros aromas y sabores. En estos tiempos, la industria del perfume propicia una de las más extraordinarias estampas de la primavera en los extensos campos de lavanda del sur de Francia.

Año a año, las aromáticas ganan presencia en jardines y terrazas, formando macizos de una única especie, mezcladas con otras en contrastes de color, o en tiestos y macetas.
Las aromáticas se cultivan en las casas con fines culinarios, pero año a año ganan presencia en jardines y terrazas, formando macizos de una única especie, mezcladas con otras en busca de contrastes de color, o en solitario en sencillos tiestos de barro.

Cultivar hierbas aromáticas es sencillo: son plantas muy agradecidas y la mayoría tan solo requiere un emplazamiento soleado y un suelo que drene bien. Eso sí, se deben elegir las especies adecuadas para las condiciones de soleamiento y espacio que se les puede ofrecer. A la hora de escoger los ejemplares es mejor elegir plantas pequeñas, compactas y con las hojas tersas y frescas; la tierra debe estar húmeda.

Muchos tipos de aromáticas

Existen varios tipos de plantas aromáticas: perennes, caducas, anuales y bianuales. Las perennes mantienen las hojas, y aunque en los inviernos muy fríos algunas de ellas se resienten, se recuperan en primavera. Entre ellas están el espliego o lavanda, el cantueso, la santolina y el tomillo. Las hierbas caducas suelen perder las hojas en invierno, pero rebrotan en primavera: es el caso de la menta y la salvia farinácea. Entre las anuales, que duran una temporada, se encuentran la albahaca y el eneldo. Y entre las bianuales, que producen tallos y hojas el primer año y florecen el siguiente, están el comino y el perejil.

La mayoría de ellas tienen aplicaciones culinarias (ver columna de la derecha), medicinales, como ambientadores e incluso como repelentes de insectos (polillas, mosquitos, moscas), que no soportan su intenso aroma.

Fáciles de mantener

En general, las plantas aromáticas son de fácil mantenimiento, y las más leñosas suelen soportar bien la sequía, especialmente las que están plantadas en tierra; en tiesto pueden sufrir porque la tierra se seca con mayor rapidez.

Después de la floración es conveniente someterlas a una poda para devolverle la forma a las matas y lograr un aspecto más compacto, especialmente en las perennes. Las ramas cortadas se pueden usar para obtener esquejes. Si se van a utilizar como ambientadores o en la cocina, se cortan en cualquier época del año con cuidado de no estropear demasiado la planta, y siempre por encima de una yema. Si se trata de espliego o cantueso es mejor antes de que se hayan abierto las flores.

Según la especie, pueden necesitar distintos tipos de suelo, pero siempre bien drenados: no toleran el encharcamiento. No suelen coger plagas, pero muchas de ellas resultan un manjar para babosas y caracoles.

El uso en jardines y terrazas

En jardinería, a su aroma hay que añadir el potencial decorativo de sus hojas y flores. Las hay de follaje agrisado, como el espliego y la santolina, o de un tono verde intenso, como la menta. Las flores pueden ser violetas y muy melíferas, como las del espliego y el cantueso; azules, como las de la salvia farinácea, o amarillas como las de la santolina. Son aptas para crear borduras o macizos, y se colocan en los lugares de paso para que al rozarlas emane su aroma. También las hay de porte adecuado para jardineras y tiestos. El perfume de estas plantas se desprende más intensamente cuando están expuestas al sol del verano, especialmente al caer la tarde.

ESPLIEGO o LAVANDA (Lavandula angustifolia)

Es la planta más popular del grupo de las lavándulas y ha dado origen a numerosos híbridos. Forma matas arbustivas erectas o redondeadas de 50 a 70 centímetros de altura, de un caracteristico color verde agrisado o plateado. Produce aromáticas espigas de color lavanda, que atraen a las abejas y mariposas. Necesita sol y un suelo seco, pobre, que drene bien, neutro o alcalino, y si es calcáreo, mejor. A finales del verano, una vez seca la flor, se recorta la planta para favorecer brotes nuevos y un porte compacto. Se suele plantar cerca de los rosales ya que ahuyenta los pulgones.

CANTUESO (Lavandula stoechas)

El cantueso, también llamado romero de piedra o tomillo borriquero, es una lavándula tan perfumada como el espliego, pero de flores más decorativas, ya que las espigas rematan en un penacho de brácteas de color violeta, rosado o púrpura, según la variedad. Son arbustos muy ramificados, de follaje perenne denso, que alcanzan entre 40 y 70 centímetros de altura. El cantueso necesita un suelo bien drenado, ácido o neutro, para vivir bien. Es muy resistente a la sequedad.

ROMERO (Rosmarinus officinalis)

Arbusto perenne de lento crecimiento, que puede superar el metro y medio de altura. Sus perfumadas hojas son muy apreciadas como condimento. A finales del invierno emite pequeñas flores de color violeta claro, muy melíferas. Es muy resistente al frío y se da bien en cualquier tipo de suelo, aunque mejor si es seco, arenoso y calizo. Necesita sol, pero puede vivir en semisombra. Se propaga fácilmente por esquejes. Resulta ideal para borduras y setos, al igual que el R. lavandulaceus o romero enano, que ronda el medio metro de altura y puede usarse como tapizante.

SANTOLINA (Santolina chamaecyparissus)

Planta perenne de hojas afelpadas de un tono gris plateado, que desprenden un intenso aroma a manzanilla. Durante el verano se llena de flores amarillas en forma de pompón, con tendencia a secarse sin perder la forma ni el color. Necesitan una poda drástica al mes y medio de la floración para recuperar su forma compacta. Las matas suelen tener entre 30 y 60 centímetros. La santolina es muy resistente a la sequía y precisa un suelo pobre, alcalino, calcáreo y bien drenado. Puede situarse al sol, pero tolera la semisombra, así como el viento y las heladas. Resulta muy adecuada para setos bajos o como cubresuelos. Existen varios cultivares.

TOMILLO (Thymus vulgaris)

Habitual en la cocina y la medicina natural, el tomillo es un arbusto de unos 15 a 40 centímetros de altura, compacto y de floración menuda desde principios de la primavera. Se recolecta cuando florece, y conviene secar las ramitas a la sombra en un lugar aireado. En los jardines da juego en rocallas y borduras. De origen mediterráneo, exige sol y soporta bien la sequía y el frío. Le va cualquier tipo de suelo siempre que drene bien, y crece rápidamente. Tras la floración conviene podarlo para que no pierda la forma. El género abarca unas 350 especies; el T. serpyllum es ideal como cubresuelos.

SALVIA FARINÁCEA (Salvia farinacea)

Pertenece al grupo de las salvias, todas de hojas aromáticas (la S. officinalis se usa en la cocina italiana). La salvia farinácea es una planta anual que tiene la peculiaridad de dar una espectacular floración en forma de espigas de color azul intenso, lo que la hace muy atractiva en jardinería. Es una planta muy apta para macetas por su tamaño, aunque también se usa en macizos en el jardín. Si se les retiran las flores secas sigue floreciendo a lo largo del verano, hasta el otoño. Se cultiva en suelos ricos, bien drenados y frescos; necesita sol y algo más de humedad que otras aromáticas. Existen numerosos cultivares.

HIERBABUENA (Mentha sativa)

La hierbabuena, como la menta (Mentha x piperita) y la M. spicata, son de las pocas aromáticas que prefieren suelos muy húmedos y ricos, y una situación en semisombra. Son vivaces rizomatosas de brillantes hojas verdes muy fragantes, que alcanzan los 30-50 centímetros de altura. Estas especies son muy invasoras, por lo que se debe controlar su crecimiento, lo que se logra plantándolas con tiesto en las jardineras o el suelo. Si se van a utilizar para el consumo no conviene aplicarles fertilizantes químicos.

Información relacionada:

• El jardín mediterráneo, sabiduría de vida, Verde es Vida nº63, páginas 6-11

• Jardines cromáticos, las flores por colores, Verde es Vida nº61, páginas 6-10

Canal de video Gardena sistemas de riego

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