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Cultivar patatas en la terraza

Cultivar patatas en la terraza

Cultivar patatas en la terraza

Llegó a España como curiosidad botánica desde América del Sur y tardó en convertirse en ese alimento principal, rico en fécula, vitaminas y minerales, hoy presente en todas las mesas. Para cultivarla en casa solo necesitas un rincón soleado. En algunas regiones ya se pueden plantar en febrero, aunque marzo es el mes ideal.

 

Si te has animado a cultivar tomates (Solanum lycopersicum),¿por qué no intentarlo ahora con su pariente la patata (Solanum tuberosum subespecie tuberosum)? Una sola patata plantada en un tiesto profundo puede proporcionarte una buena cantidad: solo tendrás que esperar unas cuantas semanas para probarlas en ensalada, fritas o como más te guste. Y es que el segundo gran placer que proporciona un huerto urbano es alimentarse de la propia cosecha.

 

 

Las patatas tardan entre 90 y 180 días en madurar lo suficiente para poder ser consumidas. Una plantación escalonada permitirá tener una cosecha constante el año entero.

La humilde patata es capaz de crecer en cualquier tipo de suelo, incluso en hidroponía. ¿Por qué no en un rincón de la terraza? Una maceta grande y alta, incluso una bolsa de sustrato, es suficiente. Preferirá, eso sí, una tierra fértil y mullida, bien aireada y sin terrones, que no oponga resistencia a sus finas raíces adventicias. Deberás cuidar el riego y proteger las plantas de las heladas, a las que son muy sensibles.

 

Puedes usar cualquier patata que presente brotes de 4 a 5 centímetros: podría valer alguna de las que has comprado en el supermercado, pero lo mejor es utilizar patatas de siembra, cuya ventaja es que están prebrotadas y preparadas para el cultivo: vegetan enseguida, son más resistentes a las enfermedades y maduran antes.

 

El cultivo de la patata, paso a paso

• El recipiente: Escoge un tiesto (mejor si es de barro) de al menos 30 centímetros de alto por 30 de diámetro, o utiliza una bolsa de sustrato universal o de cultivo dejándola de 50 centímetros de alto. Asegúrate de que el agua sobrante del riego cuente con un orificio de salida, ya que las patatas son muy sensibles a la podredumbre. En el fondo del tiesto coloca una capa de guijarros.

 

• La plantación (dibujo 1): Llena el recipiente hasta la mitad (20-25 centímetros) con un sustrato rico y suelto y entierra una o dos patatas con los brotes (deben tener entre 4 y 5 centímetros) hacia arriba, en agujeros de unos 8 centímetros de profundidad. Si vas a plantar directamente en el suelo del huerto, revuelve la tierra hasta unos 25 centímetros de profundidad, practica un abonado de fondo y forma surcos con 75 centímetros de separación; coloca las patatas a unos 30 centímetros unas de otras.

• Cubre las patatas con unos 10 centímetros de sustrato.

 

• El emplazamiento: Coloca la maceta o la bolsa en un rincón de la terraza fresco y abierto, donde reciba luz, factor clave para que la planta vegete bien y puedan surgir los tubérculos. Es importante que esté al resguardo de las heladas tardías, a las que la especie es muy sensible. Las temperaturas ideales para el cultivo de la patata oscilan entre los 13 y los 20 grados. El exceso de calor favorece la aparición de plagas y enfermedades.

 

• La brotada (dibujo 2): Las primeras hojas se dejarán ver pronto. Si se prevén heladas, tápalas con paja o una campana transparente, o lleva la maceta a cubierto; si se trata de un huerto, cubre las hileras con túneles de plástico. Si se helara la parte aérea la cosecha resultaría más escasa.

 

• A medida que crecen las plantas ve rellenando el recipiente con más sustrato hasta alcanzar los cinco centímetros del borde; debes hacer lo mismo si las cultivas en el huerto; esto impedirá que llegue luz a los tubérculos y desarrollen clorofila (ya sabes que las patatas no son raíces sino tallos modificados) y, a la vez, que se quiebren los tallos, que pueden alcanzar entre 0,50 y 1 metro.

 

• El riego (dibujo 3): Al principio no riegues, siempre que el sustrato tenga humedad. Cuando ya asomen los brotes empieza a suministrarle agua de forma moderada. El sustrato debe estar húmedo, no empapado. Es es muy negativo el exceso de humedad mientras está brotando el tubérculo y desde la floración a la maduración de las nuevas patatas. Además, las patatas resultarían más acuosas, desabridas y poco ricas en almidón.

 

• La cosecha (dibujo 4): Cuando se haya cumplido el tiempo preciso según la variedad de patata, vacía la maceta o la bolsa y recoge los tubérculos. A modo de referencia: las patatas extratempranas y tempranas han de tener el tamaño de un huevo al retirarlas del suelo, momento que coincide con la aparición de las flores; las más tardías deben extraerse cuando el follaje comienza a marchitarse.

Geranios y gitanillas

Geranios y GitanillasLlenan de vibrantes colores los balcones y patios andaluces, pero el geranio y la gitanilla, avalados por su resistencia y su amor al sol, se dan bien en toda España. Los expertos siguen trabajando para conseguir nuevas tonalidades y variedades más precoces, más reflorecientes, más fáciles de cuidar… adaptadas a nuestro clima.

Procedente de Suráfrica, el primer geranio llegó a Europa a comienzos del siglo XVIII. Entre las más de 250 especies del género Pelargonium, al que pertenece, solo se comercializan cuatro: el geranio común, Pelargonium zonale, resultado de muchas hibridaciones en las que han intervenido varias especies, como P. hortorum y P. inquinans; la gitanilla o geranio de hiedra, P. peltatum, de porte colgante; el geranio de pensamiento, P. grandiflorum y P. domesticum, el más adecuado para cultivar en interior; y los geranios de olor, un grupo de especies con unas características hojas partidas y rizadas, muy aromáticas, P. capitatum, P. crispum (geranio limón), P. graveolens…

Los geranios florecen más copiosamente si están en una maceta estrecha. En verano, los riegos frecuentes favorecen la floración, pero no se debe encharcar.

Pocas plantas de flor tienen un rendimiento tan extraordinario como el geranio. No demanda excesivas atenciones y no es caprichoso, por eso se adapta a condiciones climáticas y entornos diversos. Es austero con el riego, pero no debe faltarle el sol, clave para que florezca abundantemente durante todo el verano. La falta de luz genera plantas larguiruchas y con escasa floración. Si encuentra las condiciones adecuadas, no para de dar flores desde la primavera hasta el otoño de forma ininterrumpida.

Geranios para el Mediterráneo

Los expertos no dejan de trabajar en busca de cultivares de flores más vistosas y abundantes y crecimiento más vigoroso, a partir de híbridos de Pelargonium zonale y P. peltatum.

El geranio se usa principalmente en contenedor, dado su porte erecto; mientras más estrecha la maceta, más copiosa será la floración. La gitanilla se emplea como planta colgante en balcones, terrazas y ventanas y, en menor grado, en macetas de pie. Los geranios combinan perfectamente con petunias, Bidens, Scaevola y verbenas, entre otras plantas de flor de colores complementarios.

Los productores españoles se centran en obtener variedades idóneas para soportar veranos muy calurosos y secos. Así, Grup Roig, por ejemplo, presenta una línea homogénea de gitanillas de flores dobles compactas, muy ramificadas y equilibradas, precoces y, sobre todo, más fáciles de cultivar: su serie ‘Costa Daurada’. En el caso del Pelargonium zonale, ha desarrollado la serie ‘Costa Brava’, altamente adaptada al clima mediterráneo, y con cultivares de follaje más claro o más oscuro, que contrasta con el intenso color de las flores.

Los cuidados necesarios

El rendimiento de los geranios depende, sobre todo, de los cuidados que reciban, especialmente en los meses más tórridos del año.

• Luz y temperatura. Tanto geranios como gitanillas necesitan luz en abundancia, un mínimo de horas de sol directo al día para asegurar una buena floración. Sin embargo, en las zonas más calurosas pueden necesitar protección, especialmente durante las horas centrales del día. Eso sí, pueden soportar perfectamente altas temperaturas, bien pasados los 30º. En invierno empiezan a sufrir cuando el termómetro baja de los 10º; en los meses más fríos conviene concederles un descanso cesando por completo los riegos. En zonas de heladas conviene protegerlos o llevarlos a cubierto, ya que no resisten temperaturas de menos de 0º.

• Riego. Tanto el geranio como la gitanilla toleran bien cierta sequía —mucho mejor que el exceso de agua—, pero los riegos frecuentes en verano favorecen la producción de flores. Se debe procurar que el agua no se encharque, ya que podrían aparecer hongos que causan podredumbre. Tampoco se deben mojar las hojas y flores al regar. Prefieren una atmósfera más bien seca. Tampoco son exigentes con el sustrato: crecen bien en todo tipo de suelos.

• Abono. Mientras estén en flor, les irá bien recibir abono para plantas de flor, rico en fósforo y potasio, cada 15 días.

• Poda y limpieza. Reaccionan positivamente a los trabajos de poda y limpieza, otra de las claves de su cultivo. Un recorte vigoroso al final del invierno les conferirá vigor de cara al verano. Conviene incluso limitar su tamaño con podas regulares, y despuntarlos para que emitan brotes laterales y más flores. Lo mismo ocurre con las gitanillas: controlar su crecimiento les permitirá concentrarse en una mayor floración, al igual que pinzar de forma sistemática las hojas secas, flores marchitas y partes muertas, por su punto de unión al tallo.

• Plagas. El mayor enemigo de geranios y gitanillas es la polilla del geranio (Cacyreus marshalli), cuya oruga barrena los tallos y causa la muerte de la planta; se combate con un insecticida sistémico. El calor y la sequedad pueden favorecer la aparición de la araña roja.

Información relacionada:

• Las siete plagas de tu jardín, Verde es Vida nº 57, páginas 52-53.

Plantas culinarias ecológicas – Semprechef

SempreChef Culinary Plants es una colección de plantas para uso culinario, certificadas por el Comité de Agricultura Ecológica de la Comunidad Valenciana.
Semprechef cumple con las más estrictas exigencias del reglamento ecológico, con el objetivo de hacer llegar al consumidor un producto natural, exento de aditivos y residuos. Semprechef promueve hábitos de vida y alimentación saludables en un formato cómodo y extremadamente práctico, para llevar a la cocina un trocito de naturaleza, con toda su pureza, aroma y características originales.

Stevia ecológica. Planta de increibles poderes terapeúticos procedente de Praguay.

Albahaca ecológica

OCIMUM BASILICUM

Usos culinarios

Condimento para el “pesto italiano”, ensaladas de tomate. Acompaña muy bien al pollo y pesacados. Añadirlo a la comida al final de la cocción para que no pierda su aroma.

Propiedades

Se dice que ahuyenta los mosquitos.

Perejil ecológico

PETROSELINUM CRISPUM

Usos culinarios

Añada perejil para sazonar carnes, tortillas, salsa verde para mariscos y pescados, decorar platos.

Propiedades

Estimula el apetito, ayuda a la
digestión y al metabolismo. Alivia las molestias de la menstruación.

Tomillo ecológico

THYMUS COMUN

Usos culinarios

Aromatizar aceitunas, marinar carnes
y pescados, adobar carne de aves.

Propiedades

Recomendado en infecciones respiratorias, catarros, gripes, etc. Estimula el crecimiento del cabello.

Cebollino ecológico

ALLIUM SCHOENOPRASUM

Usos culinarios

Añada cebollino para completar ensaladas, tortillas, sopas frías.

Propiedades

En la cultura china lo utilizan como antídoto y como remedio para las hemorragias.

Anuales y Vivaces: anticipo de primavera

Antes de que los fríos del invierno se despidan del todo, estas anuales y vivaces ya llenan de colores los jardines, terrazas y balcones. Las encontrarás en tu centro de jardinería en febrero y marzo. Aunque algunas te parezcan las de toda la vida, cambian de año en año: los viveristas introducen mejoras y lanzan nuevas variedades.

Gazania (G. x hybrida ‘Grandiflora’)

La gazania es una planta anual oriunda de Suráfrica, ideal para las regiones secas y calurosas. Es poco tolerante al frío, pero a cambio tiene una gran resistencia a la sequía. Sus grandes flores amarillas, anaranjadas, rojas… aparecen durante los primeros meses de la primavera y se mantienen hasta el final del verano.

Primavera (Primula acaulis)

Esta planta anual es de las más precoces en florecer. Es muy fácil de mantener, siempre que se plante en una zona fresca y a media sombra. Resulta perfecta para macizos en tierras ricas, macetas y jardineras. En zonas de veranos frescos puede vivir varios años siempre que se vigile que no le falte riego en verano.

Margarita de los prados (Bellis perennis)

Anual de abundante floración precoz, da flores blancas, rojas y rosadas. Necesita un suelo fresco, rico en materia orgánica, riego moderado y exposición a pleno sol. Tolera las temperaturas bajas. Ideal para parterres, macetas y jardineras.

Margarita (Argyranthemum frutescens)

Vivaz de la familia de las compuestas, ofrece flores simples o dobles blancas, amarillas, rosadas y ahora incluso rojas (‘Starlight Red’). Vive bien en jardineras, parterres y macetas de gran tamaño y requiere pocos cuidados. Dado su rápido crecimiento es bastante exigente con el abonado. El pleno sol incentiva una floración abundante y continua desde finales del invierno hasta comienzos del verano. En las zonas frías hay que protegerla de las heladas.

Margarita del Cabo (Osteospermum ecklonis)

Margarita Del Cabo

Algunas variedades de la margarita del Cabo (Osteospermum) tienen pétalos en forma de cucharita.

Esta vivaz de origen surafricano antes conocida como Dimorphoteca brinda una precoz y larga floración. Junto a los colores blanco, lila, rosa, fucsia y púrpura de siempre ahora luce otros nuevos: anaranjados, ocres, malvas, amarillos (‘Yellow Halo’) e incluso bitonos (‘Volta’, rosa con el centro blanco). En algunas variedades, los pétalos de las flores se curvan en forma de cucharilla. Excelente en macizos, rocallas o jardineras en climas templados. Prefiere una exposición soleada en primavera y semisombra en verano en las áreas continentales. Se adapta bien a todo tipo de suelos. Es capaz de soportar heladas de hasta -5 grados si está bien implantada en el terreno. Requiere muy pocos cuidados. La inducción de la floración viene dada por la acumulación de horas de frío, por tanto da flor habitualmente desde finales del invierno hasta entrado el verano; en climas más frescos brinda una segunda floración en otoño.

Aubrieta (Aubrieta cultorum)

Vivaz resistente al frío, es inigualable llenando rincones y taludes no muy secos; es tapizante y vive a gusto en rocallas y en las grietas de los muros de piedra. Prefiere un sustrato neutro, no muy seco, rico en materia orgánica. Se da bien en exposiciones soleadas o en semisombra. Florece de marzo a mayo. Conviene aplicarle abono orgánico en primavera y una poda baja después de la floración.

Cantueso (Lavandula stoechas)

Es una de las plantas aromáticas por excelencia. Sus flores, de agradable perfume, se presentan en forma de espigas con grandes pétalos en lo alto. Es endémica en muchas zonas del área mediterránea, en terrenos más bien ácidos. La mayoría de las variedades actuales tienen un porte natural compacto, de modo que las podas deben ser esporádicas. Al ser acidófila y dado que las aguas de riego suelen presentar un alto contenido en cal se le debe aportar micronutrientes, especialmente hierro.

Conejitos o Boca de dragón (Antirrhinum majus)

Según el clima, esta especie de origen mediterráneo se comporta como anual o vivaz. Necesita un emplazamiento al sol o en semisombra y un suelo rico y bien drenado; no soporta las heladas. Últimamente se han introducido variedades muy floríferas, de colores muy atractivos o flores más grandes, como la variedad ‘Antirinca Peachy’. Es apta para tiestos, rocallas y arriates.

Clavel (Dianthus cariophyllus)

A partir de esta especie de origen mediterráneo, la hibridación ha dado lugar a una gran familia de plantas anuales de floración precoz, colores vivos y agradable perfume. Resulta tan adecuada en parterres como en macetas y jardineras a pleno sol; florece durante un largo periodo de tiempo. En zonas frías es mejor plantarla en tiestos y llevarla a cubierto durante el invierno. Hoy existen variedades muy espectaculares, como ‘Mondrian’, ‘Ten Nelke’ y ‘Carnelia’, al igual que la colección ‘Sunflor’, de flores dobles en siete tonos distintos. Más sobre el cultivo de claveles en Verde es Vida nº48, páginas 26-27.

Pata de canguro (Anigozanthos flavidus)

Unas curiosas flores rojas o amarillas que recuerdan la pata de un canguro caracterizan a esta vivaz rizomatosa originaria del suroeste de Australia. En las zonas cálidas ofrece una precoz y abundante floración. Es apta para la xerojardinería y requiere un suelo normal, exposición a pleno sol, y riego abundante mientras esté dando flores y escaso en invierno. Se aconseja abonarla con moderación. Para parterres, macetas y jardineras. En zonas frías se debe conservar dentro de casa durante el invierno.

Mesem o Margarita de Livingstone (Messembrianthemum)

Oriunda de la región del Cabo, Suráfrica, esta tapizante anual suculenta es muy apropiada para la jardinería sostenible. Sus copiosas y sedosas flores fucsias, amarillas, blancas o rojas aparecen desde comienzos de la primavera hasta que empieza el verano. Necesita mucho sol y temperaturas medias o altas; el frío y el exceso de agua la aniquilan. Vive mejor en suelos arenosos, pobres y bien drenados (ver ficha en Verde es Vida nº58, pág. 41).

Más flores de primavera temprana

  • Para sombra o semisombra, la violeta (Viola odorata), vivaz muy resistente al frío y poco exigente. Produce flores azuladas ligeramente perfumadas. Necesita un sustrato neutro, permeable y rico.
  • Las masas de flores blancas o rojas de la Saxifraga x arendsii, vivaz rústica, son de las primeras en aparecer en primavera. Tolera la sequía y es idónea para rocallas. La reciente aparición de nuevas variedades más compactas, como ‘Peter Pan’ o ‘Highlanders’, la ha vuelto a introducir con fuerza en los jardines. Necesita pleno sol en los climas frescos y semisombra en los cálidos, y un sustrato normal, nunca muy seco.
  • Otra vivaz muy resistente al frío es la Arabis caucasica, una rastrera que forma preciosos tapices de flores blancas entre febrero y abril. Necesita un sustrato neutro de riqueza media, permeable, entre húmedo y moderadamente seco. Prefiere una exposición a pleno sol.

Esta información ha sido elaborada con la colaboración de Corma y Grup Roig.

Jardín pequeño: Aprovechar el espacio

Para tener un bello jardín no hace falta disponer de mucho espacio, pero sacarle partido exige planificación. No se trata de quedarse en el rectángulo de césped con plantas alrededor. Hay todo un repertorio de trucos para crear zonas y focos de interés. Una chimenea para exteriores, un estanque, una fuente, un rincón chill out, unas plantas bien escogidas son solo algunos.

Jardin Pequeño

Jardin Pequeño

Uno de los retos a la hora de crear un jardín es aprovechar bien el espacio, algo imprescindible cuando los metros escasean. No hay lugar para la improvisación porque los errores, por pequeños que sean, no se pueden disimular.

La planificación es el punto de partida. Hay que empezar por tener claro qué áreas y elementos se quieren incluir: zona de estancia, chill out, pérgola, fuente, estanque, macizos con flores, algún árbol o arbusto aislado, zona de césped y áridos, caminos y pasos… No hay por qué renunciar a nada, en principio, pero sí distribuir las zonas al milímetro, y suprimir los caminos y pasos en la medida de lo posible.

Distribuir el espacio —por pequeño que sea— en sectores bien definidos contribuirá a crear sensación de orden y amplitud. Solo hay que echar mano de esos trucos de experto que permiten aprovechar bien la superficie disponible… y engañar al ojo para que parezca más amplio.

Despejar el espacio

La regla número uno es despejar el espacio, desplazando los elementos arquitectónicos y el mobiliario al perímetro, especialmente si son fijos.

Una asimetría ordenada, unos sectores bien definidos, el acierto en la elección de materiales y colores y, sobre todo, no recargar el espacio son aspectos clave en un jardín pequeño.

Pero si todo el jardín se alcanza de un vistazo será imposible disimular sus reducidas dimensiones, así que hay que aplicar la regla número dos: introducir algún elemento que rompa la continuidad visual. ¿El objetivo? Que haya zonas del jardín que no se perciban a simple vista. Es un efecto óptico que contribuye a dar sensación de profundidad.Ese elemento, además, servirá para fijar un punto visual central, que es la regla número tres. Puede ser una pérgola, una valla o un murete que delimite espacios, siempre ubicados sobre un lateral, no en el centro. El hecho de que exista un punto que focalice la atención, un golpe de efecto que rompa los límites, refuerza la ilusión óptica de que el jardín se prolonga más allá de nuestra vista.

Los materiales y el color

Una vez sentadas las bases, hay que escoger bien los materiales. El color es clave: los tonos claros crean sensación de amplitud, sobre todo en espacios pequeños sobre los que se proyectan muchas sombras (de edificios próximos, por ejemplo). Esta regla debe aplicarse tanto al color de las paredes, vallas y muros, pavimentos y muebles de jardín, como al de las plantas.

El orden racionaliza el espacio, lo que permite crear sensación de amplitud. Conviene, pues, utilizar formas definidas a la hora de distribuir las zonas: arriates, ejemplares aislados, zona de estancia… todo bien delimitado. Pero dos trucos potencian el efecto:

  • La asimetría —contribuye a que surjan rincones secretos—
  • La disposición en diferentes niveles —creando terrazas—, que confiere profundidad.

Respecto a las formas, delimitar áreas sinuosas, redondeadas, también amplía visualmente el espacio. Puede ser un camino —más ancho en el inicio y un poco más estrecho a medida que avanza hacia el fondo—, una zona de césped o áridos, una zona solada…

Menos es más

Otro recurso muy útil es, siempre que sea posible, aprovechar el paisaje que rodea al jardín e incorporarlo al propio. Lo más probable es que solo puedan vislumbrarse los ejemplares altos, como árboles y arbustos bien establecidos, tipo seto. Es una suerte, porque en ese caso, se puede prescindir de ellos en el propio, de modo que sean esos ejemplares del exterior los que proporcionen la masa verde que sirva de fondo. Y si el jardín está delimitado por un muro o una valla, cubrirlos de plantas —por ejemplo, trepadoras— permitirá que se fundan con el resto del jardín y se pierdan. Sin límites, el jardín no tiene fin.

Este recurso conduce a otra máxima a la hora de planificar un jardín pequeño: no recargarlo de plantas, elementos arquitectónicos o mobiliario. Tampoco de colores. Un jardín pequeño requiere más armonía, por eso, además de pocos elementos, han de estar bien escogidos.

Respecto a las flores, los colores claros potencian la sensación de luminosidad, especialmente si se cultivan al fondo del jardín: el espacio parecerá mayor. Los colores más vivos deben reservarse para la zona más próxima a la casa o la de estar, siempre que sean soleadas, y limitando la gama a un máximo de tres.

Jugar con las plantas

Barajar los diferentes portes, tamaños y épocas de floración o interés de las plantas permite sacar partido al rincón más pequeño. A ello contribuyen las plantaciones escalonadas, que potencian la perspectiva y crean profundidad. Como todo debe estar a escala, conviene elegir las variedades más pequeñas o enanas de una especie.

Hasta el tamaño de las hojas influye: los ejemplares de hoja grande deben estar más cerca de la casa y los de hoja pequeña, al fondo, así se pierden a la vista y parecerá que están más lejos. Aprovechar los paramentos verticales es otro de los recursos más socorridos cuando faltan metros: cubrir muros, pérgolas y arcos con trepadoras; colocar macetas en la pared, por ejemplo gitanillas (Pelargonium peltatum), como en los patios cordobeses; macetones con tutores dispuestos estratégicamente en un rincón a modo de columnas verdes… Cualquier hueco es bueno para colocar macetas: el alféizar de la ventana, los laterales de una escalera, una vieja mesa o un banco junto a una pared.

Plantas que sí

• Una base de perennifolias, tanto árboles y arbustos como herbáceas, que tengan buen invierno y garanticen color todo el año.

• Para las plantaciones estables conviene elegir especies que sean atractivas la mayor parte del año, o al menos dos de las cuatro estaciones: lantanas, madroños, arces japoneses, Nandina domestica, Pittosporum (existen variedades enanas), Coprosma…

• Plantas de crecimiento lento, que garanticen formas más ordenadas y reduzcan el trabajo de mantenimiento.

• Trepadoras no demasiado volubles, que crezcan muy pegadas a la pared, como las hiedras; incluso árboles y arbustos en espalderas.

• Plantas aromáticas: un jardín pequeño es un lugar perfecto para disfrutar de sus flores y su aroma.

• Árboles pequeños de hoja caduca, si se van a plantar cerca de la vivienda, de manera que el sol pueda entrar en invierno.

• Arriates con un solo tipo de flor, eso sí reflorecientes, como las alegrías (Impatiens), o de distintas flores en la misma gama tonal.

• Gramíneas, que tienen un bello otoño e invierno y no necesitan mantenimiento; incluso bambú, aunque bajo estricto control.

• Phormium, de hojas como espadas, en sus variedades enanas.

Plantas que no

• Árboles y arbustos que concentren su atractivo en periodos cortos de tiempo.

• Trepadoras muy volubles, de crecimiento tupido y desordenado, como la madreselva (Lonicera); resultan invasivas.

• Salvo en zonas muy acotadas, cactáceas, palmeras (sobre todo si son bajas, como la Cyca revoluta) y especies de hojas puntiagudas, como la yuca (Yucca gloriosa): pueden resultar peligrosas.

• Si hay niños en casa, las plantas tóxicas (adelfas o Nerium oleander, Euphorbia continifolia, Brugmansia o datura) y espinosas (Chaenomeles japonica, Berberis, rosales).

• Macizos de anuales muy variadas, sobre todo si no se ha planificado la plantación a partir de su calendario de floración.

• Ejemplares de hoja muy oscura (algunos Acer palmatum, Magnolia liliiflora, Cotinus ‘Royal Purple’), excepto si se ubican en zonas muy soleadas o en combinación con especies de tonos plateados.

Más información:

• Un jardín bonito todo el año, Verde es Vida nº 57, páginas 6-11.

• Jardines de sombra, Verde es Vida nº 54, páginas 20-24.

Rosales en la terraza

Aunque no tengas jardín, no te prives del placer de cultivar rosas. Algunas variedades crecen bien en una maceta o un tiesto en una terraza o balcón. Es más, algunas han sido concebidas a propósito para vivir en contenedores. Solo hay que respetar sus necesidades.

Rosales en la terraza

Rosales en la terraza

Hay pocas plantas tan generosas como los rosales, que ofrecen su copiosa, prolongada y, la mayoría de las veces, perfumada floración, y se adaptan prácticamente a todos los climas. Una terraza o un balcón también puede ser un buen lugar para cultivarlos, siempre que reciban sol y se contemplen sus exigencias, que no son muchas ni complicadas.

  • Los tiestos. Los rosales necesitan un suelo profundo. Es importante plantarlos en tiestos sobre todo hondos, de al menos 40 a 50 centímetros de altura.
  • El sustrato. Es imperativo que el suelo contenga arcilla, es decir que sea fresco. Escoge un sustrato específico para rosales, o en todo caso para arbustos o jardín. Verifica bien su composición, ya que debe ser ligeramente ácido (aunque algunos los prefieren alcalinos), y rico en limo. Es importante que te asegures de que el drenaje funciona bien: el exceso de agua perjudica a los rosales.
Los rosales exigen una maceta profunda y un sustrato fresco, de naturaleza arcillosa, rico en limo y con buen drenaje.
  • La plantación. Se debe llevar a cabo en abril o mayo. Vigila que el punto de injerto no esté enterrado. Riega copiosamente cuando lo plantes para que las raíces tomen contacto con el sustrato.

Los cuidados necesarios

El mantenimiento de los rosales que viven en una terraza no difiere del que necesitan los de jardín.

• Poda los chupones y elimina las flores marchitas.

Riega regularmente en primavera y verano.

Cubre el pie con una capa de mulching: paja, bolitas de arcilla (nunca corteza de pino, demasiado ácida) para limitar la evaporación.

• Aplica abono granulado para rosales dos veces al año: después de la poda de invierno y después de la primera floración, para favorecer la de otoño.

En invierno no los riegues, excepto si no reciben nada de agua de lluvia. Si hace mucho frío envuelve el tiesto con un acolchado plástico y aíslalo del suelo.
Información relacionada:

• La salud de los rosales, Verde es Vida nº63, páginas 54-55.

• La explosión de las rosas, Verde es Vida nº51, páginas 6-9.

Plantas Aromáticas

En macizos, solas y mezcladas con otras especies, en terrazas, jardines, o en sencillas macetas, las plantas aromáticas son una fuente de aromas mediterráneos y suaves tonos azules.

Plantas Aromaticas

Plantas Aromaticas

Aromáticas es el nombre que reciben algunas plantas arbustivas o herbáceas que desprenden aceites esenciales almacenados en sus hojas cuando se frotan o se calientan. Han sido utilizadas por el hombre desde siempre; las antiguas culturas alcanzaron unos conocimientos admirables sobre sus propiedades y con gran ingenio se sirvieron de ellas como medicinas, conservantes, sazonadores, repelentes de insectos, además de disfrutar de sus placenteros aromas y sabores. En estos tiempos, la industria del perfume propicia una de las más extraordinarias estampas de la primavera en los extensos campos de lavanda del sur de Francia.

Año a año, las aromáticas ganan presencia en jardines y terrazas, formando macizos de una única especie, mezcladas con otras en contrastes de color, o en tiestos y macetas.
Las aromáticas se cultivan en las casas con fines culinarios, pero año a año ganan presencia en jardines y terrazas, formando macizos de una única especie, mezcladas con otras en busca de contrastes de color, o en solitario en sencillos tiestos de barro.

Cultivar hierbas aromáticas es sencillo: son plantas muy agradecidas y la mayoría tan solo requiere un emplazamiento soleado y un suelo que drene bien. Eso sí, se deben elegir las especies adecuadas para las condiciones de soleamiento y espacio que se les puede ofrecer. A la hora de escoger los ejemplares es mejor elegir plantas pequeñas, compactas y con las hojas tersas y frescas; la tierra debe estar húmeda.

Muchos tipos de aromáticas

Existen varios tipos de plantas aromáticas: perennes, caducas, anuales y bianuales. Las perennes mantienen las hojas, y aunque en los inviernos muy fríos algunas de ellas se resienten, se recuperan en primavera. Entre ellas están el espliego o lavanda, el cantueso, la santolina y el tomillo. Las hierbas caducas suelen perder las hojas en invierno, pero rebrotan en primavera: es el caso de la menta y la salvia farinácea. Entre las anuales, que duran una temporada, se encuentran la albahaca y el eneldo. Y entre las bianuales, que producen tallos y hojas el primer año y florecen el siguiente, están el comino y el perejil.

La mayoría de ellas tienen aplicaciones culinarias (ver columna de la derecha), medicinales, como ambientadores e incluso como repelentes de insectos (polillas, mosquitos, moscas), que no soportan su intenso aroma.

Fáciles de mantener

En general, las plantas aromáticas son de fácil mantenimiento, y las más leñosas suelen soportar bien la sequía, especialmente las que están plantadas en tierra; en tiesto pueden sufrir porque la tierra se seca con mayor rapidez.

Después de la floración es conveniente someterlas a una poda para devolverle la forma a las matas y lograr un aspecto más compacto, especialmente en las perennes. Las ramas cortadas se pueden usar para obtener esquejes. Si se van a utilizar como ambientadores o en la cocina, se cortan en cualquier época del año con cuidado de no estropear demasiado la planta, y siempre por encima de una yema. Si se trata de espliego o cantueso es mejor antes de que se hayan abierto las flores.

Según la especie, pueden necesitar distintos tipos de suelo, pero siempre bien drenados: no toleran el encharcamiento. No suelen coger plagas, pero muchas de ellas resultan un manjar para babosas y caracoles.

El uso en jardines y terrazas

En jardinería, a su aroma hay que añadir el potencial decorativo de sus hojas y flores. Las hay de follaje agrisado, como el espliego y la santolina, o de un tono verde intenso, como la menta. Las flores pueden ser violetas y muy melíferas, como las del espliego y el cantueso; azules, como las de la salvia farinácea, o amarillas como las de la santolina. Son aptas para crear borduras o macizos, y se colocan en los lugares de paso para que al rozarlas emane su aroma. También las hay de porte adecuado para jardineras y tiestos. El perfume de estas plantas se desprende más intensamente cuando están expuestas al sol del verano, especialmente al caer la tarde.

ESPLIEGO o LAVANDA (Lavandula angustifolia)

Es la planta más popular del grupo de las lavándulas y ha dado origen a numerosos híbridos. Forma matas arbustivas erectas o redondeadas de 50 a 70 centímetros de altura, de un caracteristico color verde agrisado o plateado. Produce aromáticas espigas de color lavanda, que atraen a las abejas y mariposas. Necesita sol y un suelo seco, pobre, que drene bien, neutro o alcalino, y si es calcáreo, mejor. A finales del verano, una vez seca la flor, se recorta la planta para favorecer brotes nuevos y un porte compacto. Se suele plantar cerca de los rosales ya que ahuyenta los pulgones.

CANTUESO (Lavandula stoechas)

El cantueso, también llamado romero de piedra o tomillo borriquero, es una lavándula tan perfumada como el espliego, pero de flores más decorativas, ya que las espigas rematan en un penacho de brácteas de color violeta, rosado o púrpura, según la variedad. Son arbustos muy ramificados, de follaje perenne denso, que alcanzan entre 40 y 70 centímetros de altura. El cantueso necesita un suelo bien drenado, ácido o neutro, para vivir bien. Es muy resistente a la sequedad.

ROMERO (Rosmarinus officinalis)

Arbusto perenne de lento crecimiento, que puede superar el metro y medio de altura. Sus perfumadas hojas son muy apreciadas como condimento. A finales del invierno emite pequeñas flores de color violeta claro, muy melíferas. Es muy resistente al frío y se da bien en cualquier tipo de suelo, aunque mejor si es seco, arenoso y calizo. Necesita sol, pero puede vivir en semisombra. Se propaga fácilmente por esquejes. Resulta ideal para borduras y setos, al igual que el R. lavandulaceus o romero enano, que ronda el medio metro de altura y puede usarse como tapizante.

SANTOLINA (Santolina chamaecyparissus)

Planta perenne de hojas afelpadas de un tono gris plateado, que desprenden un intenso aroma a manzanilla. Durante el verano se llena de flores amarillas en forma de pompón, con tendencia a secarse sin perder la forma ni el color. Necesitan una poda drástica al mes y medio de la floración para recuperar su forma compacta. Las matas suelen tener entre 30 y 60 centímetros. La santolina es muy resistente a la sequía y precisa un suelo pobre, alcalino, calcáreo y bien drenado. Puede situarse al sol, pero tolera la semisombra, así como el viento y las heladas. Resulta muy adecuada para setos bajos o como cubresuelos. Existen varios cultivares.

TOMILLO (Thymus vulgaris)

Habitual en la cocina y la medicina natural, el tomillo es un arbusto de unos 15 a 40 centímetros de altura, compacto y de floración menuda desde principios de la primavera. Se recolecta cuando florece, y conviene secar las ramitas a la sombra en un lugar aireado. En los jardines da juego en rocallas y borduras. De origen mediterráneo, exige sol y soporta bien la sequía y el frío. Le va cualquier tipo de suelo siempre que drene bien, y crece rápidamente. Tras la floración conviene podarlo para que no pierda la forma. El género abarca unas 350 especies; el T. serpyllum es ideal como cubresuelos.

SALVIA FARINÁCEA (Salvia farinacea)

Pertenece al grupo de las salvias, todas de hojas aromáticas (la S. officinalis se usa en la cocina italiana). La salvia farinácea es una planta anual que tiene la peculiaridad de dar una espectacular floración en forma de espigas de color azul intenso, lo que la hace muy atractiva en jardinería. Es una planta muy apta para macetas por su tamaño, aunque también se usa en macizos en el jardín. Si se les retiran las flores secas sigue floreciendo a lo largo del verano, hasta el otoño. Se cultiva en suelos ricos, bien drenados y frescos; necesita sol y algo más de humedad que otras aromáticas. Existen numerosos cultivares.

HIERBABUENA (Mentha sativa)

La hierbabuena, como la menta (Mentha x piperita) y la M. spicata, son de las pocas aromáticas que prefieren suelos muy húmedos y ricos, y una situación en semisombra. Son vivaces rizomatosas de brillantes hojas verdes muy fragantes, que alcanzan los 30-50 centímetros de altura. Estas especies son muy invasoras, por lo que se debe controlar su crecimiento, lo que se logra plantándolas con tiesto en las jardineras o el suelo. Si se van a utilizar para el consumo no conviene aplicarles fertilizantes químicos.

Información relacionada:

• El jardín mediterráneo, sabiduría de vida, Verde es Vida nº63, páginas 6-11

• Jardines cromáticos, las flores por colores, Verde es Vida nº61, páginas 6-10

Herramientas y accesorios para la huerta

Garden tools Jardinarium OriamendiUna vez determinado el tipo y medida de nuestro huerto y una vez tenemos más o menos claro qué tipo de cultivos vamos a desarrollar conviene saber qué útiles o herramientas básicas vamos a necesitar para el cultivo y mantenimiento de dichas plantas.

Cabe destacar que se trata de herramientas muy sencillas, la mayoría de las cuales que se han usado desde antaño en sus múltiples variedades locales.

Lo más importante no es solo tener todas las herramientas del mercado, sino como utilizar cada una de ellas. Está claro que todas las herramientas del mercado son útiles, pero cada una para su labor. Ni existen las herramientas multiuso que valen para todo ni las herramientas y máquinas más sofisticadas nos van a ahorrar un mínimo de trabajo físico, de otro lado muy saludable. Así mismo el trabajo de cierta intensidad con la herramienta más buena del mercado pero mal ejecutado puede provocarnos molestias físicas o lesiones, por lo que conviene asesorarse primero en el centro de jardinería sobre su uso correcto.

La selección y compra de las herramientas dependerá de los siguientes factores: necesidades reales de empleo y frecuencia de utilización (ocasional, habitual, intenso); tamaño y modelo dependiendo del usuario habitual, del lugar de almacenamiento (armario metálico, caseta de madera, panel porta-objetos en el garaje, etc); su duración y garantía; su mantenimiento y conservación, etc.

Por último debemos recordar que es un error no proveerse de los utensilios adecuados, pero también lo es la adquisición desorganizada de accesorios y aperos que pueden resultar inútiles y llegar a crear confusión.

Se exponen a continuación, sólo en forma orientativa, los principales tipos de herramientas que se pueden utilizar, destacando entre básicos y secundarios. También se indica el tipo de labor para la cual va destinada cada herramienta.

Para trabajar la tierra y el cultivo de las plantas

Azada: es la herramienta básica para cavar la tierra, amasar o remover el terreno, ventilar o voltear y para trazar surcos o caballones. Suele ser de mango medio que nos hace trabajar algo arqueados.
Hay múltiples variantes y medidas: con dos dientes y de punta cuadrada; de dos dientes y punta aguda; azada combinada con rastrillo; azadón de cabeza cuadrada o de punta curvada.

Binadora o Legón: es como una azada pero mucho más ligera y de mango más largo. Sirve para binar o cavar el terreno ligero. No es apta para trabajos pesados y intensos. Es ampliamente usada en la mayoría de huertos domésticos por su ligereza y comodidad, aunque es apenas usada de modo profesional.

Pala: en zonas de terrenos ligeros sirven para excavar y hacer hoyos profundos y para las mismas labores que la azada en terrenos mullidos. También se llama pala de voltear, pala plana o pala de repicar. Es considerada básica en terrenos sueltos y mullidos, sobre todo en la zona norte. Existen otras palas como las de punta, más propias de otros oficios como la construcción, que no son muy útiles en el huerto.

Rastrillo: sirve para nivelar y remover ligeramente la superficie del suelo antes de plantar. Es una herramienta básica.

Cultivador manual o escardador: sirve para eliminar las malas hierbas entre los surcos de cultivo y desmenuzar ligeramente la superficie. Hay infinidad de variedades y tipos comerciales de diseños ergonómicos.

Horca: de tres o más dientes: sirve para trasladar el estiércol o para voltear las pilas de compost. No es muy usada en el huerto doméstico.

Laya o bieldo: se usa para la cosecha de patatas o zanahorias y en terrenos muy blandos para voltear el terreno. Su uso requiere algo de habilidad.

Pala de plantar: pequeña herramienta básica para hacer los hoyos en la siembra, plantación y transplante de pequeñas hortalizas.

Motocultor: sólo se recomienda para huertos de más de 100 m, donde el cavado y volteado manual nos llevaría varios días enteros.

Manguera: material básico para el riego de cualquier zona del huerto o del jardín. Las hay de materiales indeformables, con sistema antinudos y con recuperación automática, con tratamiento antialgas, con carro portátil portamangueras. Su longitud debe ser adaptada a nuestro huerto y a la distribución de bocas de riego en la parcela, no debe sobrepasar 2/3 de la longitud máxima de la parcela. En el extremo se suele acoplar una lanza rociadora multifunción que nos permite evitar el despilfarro de agua.

Regadera: para regar los planteles o todo el huerto en terrazas y balcones.

Distribuidores de fertilizante: sirven para incorporar uniformemente los abonos granulados.

Tijera de podar: herramienta básica de mano para podar las ramas de los árboles frutales, para el pinzado de hortalizas y para la cosecha de hortalizas de fruto. Es imprescindible que sean de buena calidad.

Cuchillo curvado: sirve para cosechar hortalizas de fruto y de hoja y para realizar cortes de injerto.

Trituradora: para triturar todos los restos de nuestro huerto y del jardín. Los restos obtenidos se pueden reconvertir en compost. Es imprescindible en la horticultura y jardinería moderna pero debido a su coste se debe reservar para fincas de tamaño grande.

Para tratamientos fitosanitarios y otras labores

b>Mochila de presión: sirven para realizar los tratamientos fitosanitarios por pulverización. Suelen tener una capacidad de 15 l. También hay modelos de menor capacidad de uso más manual

Trampa para insectos voladores: sirve para capturar todo tipo de plagas voladoras, en especial las que afectan a los frutales, sin utilizar plaguicidas. Es un sistema muy recomendable en horticultura biológica.

Mascarilla, gafas protectoras y guantes protectores: para protegerse de los tratamientos fitosanitarios y en la aplicación de diversos abonos. Conviene conocer previamente las condiciones básicas de uso de los productos a usar y de las medidas a tomar en caso de accidente.

Mono y gorra de algodón: sirven como indumentaria de protección adecuada para los tratamientos fitosanitarios.

Indumentaria general y otros accesorios

Guantes: son imprescindibles los de serraje en los trabajos pesados y en los de poda de frutales. Los guantes más ligeros convienen en el resto de trabajos del huerto.

Delantal: suele ser práctico de llevar sobretodo si está provisto de muchos bolsillos para llevar los pequeños utensilios.

Rodilleras de goma: para poderse arrodillar cómodamente.

Botas de goma: para protegerse los pies durante las labores pesadas del terreno o en zonas o épocas muy húmedas.

Ovillo de rafia: sirve para atar tallos y ramas sin producir heridas en la corteza de las plantas. También sirven los rollos de alambre blando plastificado con cortador incorporado.

Carretilla: sirve para múltiples trasportes de recorrido medio: transporte de la tierra, del abono, de las hojas secas, de los ejemplares que van a transplantarse. Solo es recomendable en jardines medianos o grandes con recorridos libres de escaleras.

Cesto: básico para la recolección de hortalizas y frutos y para otras labores en pequeños huertos donde no cabe la carretilla.

Introducción al huerto familiar

Antaño el cultivar un huerto familiar con árboles frutales se consideraba un medio económico de subsistencia, ya que un trozo de terreno nutría permanente a la propiedad con hortalizas y frutas de temporada.

Hoy en día el desarrollo de un pequeño huerto lo podemos asociar más con el ocio que con la propia necesidad. Muchas personas desean disfrutar con un hobby adicional cuidando sus plantas y permaneciendo en contacto constante con la naturaleza.

Huerta familiar Jardinarium OriamendiSin ser unos expertos hortelanos podemos disfrutar cultivando nuestro propio huerto en el espacio que tengamos: en el exterior de nuestras viviendas, en nuestras fincas de recreo, en el balcón, etc … cosechando y consumiendo nuestras propias y sabrosas hortalizas o frutos. Degustar una lechuga o un tomate recién recogido de nuestro vergel puede llegar a convertirse, para algunos, en un placer místico.
Además esta afición es una terapia muy recomendable y efectiva contra el estrés de la vida diaria.

La filosofía de esta página no es la de versar sobre el extenso y magnífico mundo de la horticultura sino, más bien, dar cuatro ideas básicas sobre la sencillez de un pequeño huerto doméstico.
Nuestro objetivo es ser un práctico y experto ayudante en las labores de cultivo de las plantas del huerto, así como sobre la nutrición para este tipo de plantas y sobre su protección fitosanitaria.

Qué necesitamos y qué tenemos para hacer un huerto

Lo primero que debemos plantearnos es si disponemos de los requisitos mínimos que nos permitan desarrollar nuestro huerto con unas mínimas garantías. Disponemos de terreno llano? De cuanta superficie podemos disponer? Disponemos de agua suficiente? Durante todo el año? De cuanto tiempo queremos disponer para dedicar al huerto familiar?
Todas estas preguntas y cuestiones se deben plantear antes de empezar. Plantearse todo esto a medio camino suele llevar al fracaso del huerto.

Cuando decidimos aventurarnos en la experiencia de cultivar un huerto familiar en el jardín debemos tener muy claro que es un camino con retorno. Si lo probamos y no nos convence siempre podemos reconvertir el huerto nuevamente en jardín.

La superficie mínima la debemos fijar nosotros mismos, en función de la parcela o terreno realmente disponible. Inicialmente no suele ser recomendable destinar más del 10% de la superficie disponible del jardín a huerto, una vez restadas las partes ocupadas por pavimentos, construcciones auxiliares, etc.

Así mismo la cantidad y calidad del agua de que dispongamos nos puede determinar tanto la extensión del huerto como los cultivos a desarrollar.

El tiempo de dedicación previsto también es básico, ya que nos podemos plantear un huerto activo durante todo el año o solo en las épocas en que tengamos mayor disponibilidad.
Estos tres factores: espacio, agua y tiempo son los que nos determinarán las medidas, los tipos de huerto y las épocas de cultivo preferente de nuestro huerto.

Así pues, y como indican diferentes estudios avanzados sobre los huertos de tipo doméstico, no se puede estimar ninguna superficie mínima para poder hacer un huerto doméstico.
Hay fabulosos huertos domésticos en terrazas y balcones muy bien aprovechadas de ciudades compactas y extensos huertos donde se pierden las cosechas porque sus cultivadores no dan abasto en las cosechas.

Se trata, pues, de encontrar nuestro huerto a nuestra justa medida, teniendo en cuenta lo dicho sobre el espacio, el tiempo y el agua disponibles.

El cultivo del huerto

Destinar una pequeña parte de nuestro jardín no debe representar aumentar mucho nuestra dedicación. La diferencia más destacada de un huerto respecto de un jardín es la vigilancia continua que debemos establecer para conseguir la mayor calidad y cantidad en la cosecha.
Este es el aspecto principal que lo diferencia del resto del jardín, donde la calidad o cantidad de flores o de brotes, etc no es tan significativo o importante.

Lo que si hay que tener en cuenta es que una vez iniciado el cultivo de una o otra especie la falta de atención durante unos pocos días puede representar la perdida de la cosecha.
Así conviene conocer, de antemano, las necesidades de cada cultivo en cuanto a espacio, agua, nutrientes, sol, temporada de cultivo… y sus posibles afectaciones de plagas y enfermedades.

Emplazamiento y exposición: terreno, suelo y luz

En general el mejor emplazamiento para el huerto es en una parte del jardín bien soleada, bien aireada y bien drenada.
La mayor parte de los cultivos típicos del huerto requieren sitios con buena insolación por lo que las orientaciones sur y suroeste suelen ser las mejores.

Los emplazamientos donde hay tendencia a encharcamientos y donde no corre el aire son ideales para el desarrollado de enfermedades de todo tipo y para la invasión de plagas.

También cabe evitar las ubicaciones demasiado expuestas a fuertes vientos, que dañan los frutos y cosechas.

En el caso de terrenos muy arcillosos o sin salida natural del agua se pueden producir encharcamientos por falta de drenaje correcto. Si no disponemos de otro espacio mejor este aspecto debe ser corregido mediante la ejecución de las obras de drenaje y evacuación de agua necesarias.

El suelo debe ser mullido y profundo, más bien fresco, de consistencia media y no excesivamente compactada, con buena capacidad de retención de agua y excelente drenaje.

Cuando el suelo disponible se aparte de estas características podemos corregirlas mediante algunas modificaciones:

– En suelos pesados y arcillosos se aportará materia orgánica mezclada con arena de río o gravilla ligera para mejorar el drenaje y la aireación del terreno.
– En suelos ligeros y arenosos, se efectuará una aportación copiosa de materia orgánica y turba.

El sistema más práctico para evitarnos trabajos de mejora muy pesados consiste en aportar al suelo Substrato COMPO SANA Plantación, en proporción del 50%, mezclándolo con la tierra propia del terreno.
Este último caso se recomienda en huertos de pequeñas dimensiones (10-20 m2).

Todos los trabajos de preparación del terreno se deben realizar unos dos meses antes de la plantación del huerto y deben incluir una labor profunda de todo el terreno dedicado a huerto, labrándolo a 30-40 cm de profundidad.

Como paso previo al trabajo de mejora del terreno suele ser necesaria la eliminación o el transplante de la vegetación existente, ya sea un terreno con maleza o un jardín cuidado.
Estas operaciones deben hacerse en la época adecuada y con la antelación necesaria para evitar problemas en la prelación correcta del terreno.

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