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Cultivar patatas en la terraza

Cultivar patatas en la terraza

Cultivar patatas en la terraza

Llegó a España como curiosidad botánica desde América del Sur y tardó en convertirse en ese alimento principal, rico en fécula, vitaminas y minerales, hoy presente en todas las mesas. Para cultivarla en casa solo necesitas un rincón soleado. En algunas regiones ya se pueden plantar en febrero, aunque marzo es el mes ideal.

 

Si te has animado a cultivar tomates (Solanum lycopersicum),¿por qué no intentarlo ahora con su pariente la patata (Solanum tuberosum subespecie tuberosum)? Una sola patata plantada en un tiesto profundo puede proporcionarte una buena cantidad: solo tendrás que esperar unas cuantas semanas para probarlas en ensalada, fritas o como más te guste. Y es que el segundo gran placer que proporciona un huerto urbano es alimentarse de la propia cosecha.

 

 

Las patatas tardan entre 90 y 180 días en madurar lo suficiente para poder ser consumidas. Una plantación escalonada permitirá tener una cosecha constante el año entero.

La humilde patata es capaz de crecer en cualquier tipo de suelo, incluso en hidroponía. ¿Por qué no en un rincón de la terraza? Una maceta grande y alta, incluso una bolsa de sustrato, es suficiente. Preferirá, eso sí, una tierra fértil y mullida, bien aireada y sin terrones, que no oponga resistencia a sus finas raíces adventicias. Deberás cuidar el riego y proteger las plantas de las heladas, a las que son muy sensibles.

 

Puedes usar cualquier patata que presente brotes de 4 a 5 centímetros: podría valer alguna de las que has comprado en el supermercado, pero lo mejor es utilizar patatas de siembra, cuya ventaja es que están prebrotadas y preparadas para el cultivo: vegetan enseguida, son más resistentes a las enfermedades y maduran antes.

 

El cultivo de la patata, paso a paso

• El recipiente: Escoge un tiesto (mejor si es de barro) de al menos 30 centímetros de alto por 30 de diámetro, o utiliza una bolsa de sustrato universal o de cultivo dejándola de 50 centímetros de alto. Asegúrate de que el agua sobrante del riego cuente con un orificio de salida, ya que las patatas son muy sensibles a la podredumbre. En el fondo del tiesto coloca una capa de guijarros.

 

• La plantación (dibujo 1): Llena el recipiente hasta la mitad (20-25 centímetros) con un sustrato rico y suelto y entierra una o dos patatas con los brotes (deben tener entre 4 y 5 centímetros) hacia arriba, en agujeros de unos 8 centímetros de profundidad. Si vas a plantar directamente en el suelo del huerto, revuelve la tierra hasta unos 25 centímetros de profundidad, practica un abonado de fondo y forma surcos con 75 centímetros de separación; coloca las patatas a unos 30 centímetros unas de otras.

• Cubre las patatas con unos 10 centímetros de sustrato.

 

• El emplazamiento: Coloca la maceta o la bolsa en un rincón de la terraza fresco y abierto, donde reciba luz, factor clave para que la planta vegete bien y puedan surgir los tubérculos. Es importante que esté al resguardo de las heladas tardías, a las que la especie es muy sensible. Las temperaturas ideales para el cultivo de la patata oscilan entre los 13 y los 20 grados. El exceso de calor favorece la aparición de plagas y enfermedades.

 

• La brotada (dibujo 2): Las primeras hojas se dejarán ver pronto. Si se prevén heladas, tápalas con paja o una campana transparente, o lleva la maceta a cubierto; si se trata de un huerto, cubre las hileras con túneles de plástico. Si se helara la parte aérea la cosecha resultaría más escasa.

 

• A medida que crecen las plantas ve rellenando el recipiente con más sustrato hasta alcanzar los cinco centímetros del borde; debes hacer lo mismo si las cultivas en el huerto; esto impedirá que llegue luz a los tubérculos y desarrollen clorofila (ya sabes que las patatas no son raíces sino tallos modificados) y, a la vez, que se quiebren los tallos, que pueden alcanzar entre 0,50 y 1 metro.

 

• El riego (dibujo 3): Al principio no riegues, siempre que el sustrato tenga humedad. Cuando ya asomen los brotes empieza a suministrarle agua de forma moderada. El sustrato debe estar húmedo, no empapado. Es es muy negativo el exceso de humedad mientras está brotando el tubérculo y desde la floración a la maduración de las nuevas patatas. Además, las patatas resultarían más acuosas, desabridas y poco ricas en almidón.

 

• La cosecha (dibujo 4): Cuando se haya cumplido el tiempo preciso según la variedad de patata, vacía la maceta o la bolsa y recoge los tubérculos. A modo de referencia: las patatas extratempranas y tempranas han de tener el tamaño de un huevo al retirarlas del suelo, momento que coincide con la aparición de las flores; las más tardías deben extraerse cuando el follaje comienza a marchitarse.

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Geranios y gitanillas

Geranios y GitanillasLlenan de vibrantes colores los balcones y patios andaluces, pero el geranio y la gitanilla, avalados por su resistencia y su amor al sol, se dan bien en toda España. Los expertos siguen trabajando para conseguir nuevas tonalidades y variedades más precoces, más reflorecientes, más fáciles de cuidar… adaptadas a nuestro clima.

Procedente de Suráfrica, el primer geranio llegó a Europa a comienzos del siglo XVIII. Entre las más de 250 especies del género Pelargonium, al que pertenece, solo se comercializan cuatro: el geranio común, Pelargonium zonale, resultado de muchas hibridaciones en las que han intervenido varias especies, como P. hortorum y P. inquinans; la gitanilla o geranio de hiedra, P. peltatum, de porte colgante; el geranio de pensamiento, P. grandiflorum y P. domesticum, el más adecuado para cultivar en interior; y los geranios de olor, un grupo de especies con unas características hojas partidas y rizadas, muy aromáticas, P. capitatum, P. crispum (geranio limón), P. graveolens…

Los geranios florecen más copiosamente si están en una maceta estrecha. En verano, los riegos frecuentes favorecen la floración, pero no se debe encharcar.

Pocas plantas de flor tienen un rendimiento tan extraordinario como el geranio. No demanda excesivas atenciones y no es caprichoso, por eso se adapta a condiciones climáticas y entornos diversos. Es austero con el riego, pero no debe faltarle el sol, clave para que florezca abundantemente durante todo el verano. La falta de luz genera plantas larguiruchas y con escasa floración. Si encuentra las condiciones adecuadas, no para de dar flores desde la primavera hasta el otoño de forma ininterrumpida.

Geranios para el Mediterráneo

Los expertos no dejan de trabajar en busca de cultivares de flores más vistosas y abundantes y crecimiento más vigoroso, a partir de híbridos de Pelargonium zonale y P. peltatum.

El geranio se usa principalmente en contenedor, dado su porte erecto; mientras más estrecha la maceta, más copiosa será la floración. La gitanilla se emplea como planta colgante en balcones, terrazas y ventanas y, en menor grado, en macetas de pie. Los geranios combinan perfectamente con petunias, Bidens, Scaevola y verbenas, entre otras plantas de flor de colores complementarios.

Los productores españoles se centran en obtener variedades idóneas para soportar veranos muy calurosos y secos. Así, Grup Roig, por ejemplo, presenta una línea homogénea de gitanillas de flores dobles compactas, muy ramificadas y equilibradas, precoces y, sobre todo, más fáciles de cultivar: su serie ‘Costa Daurada’. En el caso del Pelargonium zonale, ha desarrollado la serie ‘Costa Brava’, altamente adaptada al clima mediterráneo, y con cultivares de follaje más claro o más oscuro, que contrasta con el intenso color de las flores.

Los cuidados necesarios

El rendimiento de los geranios depende, sobre todo, de los cuidados que reciban, especialmente en los meses más tórridos del año.

• Luz y temperatura. Tanto geranios como gitanillas necesitan luz en abundancia, un mínimo de horas de sol directo al día para asegurar una buena floración. Sin embargo, en las zonas más calurosas pueden necesitar protección, especialmente durante las horas centrales del día. Eso sí, pueden soportar perfectamente altas temperaturas, bien pasados los 30º. En invierno empiezan a sufrir cuando el termómetro baja de los 10º; en los meses más fríos conviene concederles un descanso cesando por completo los riegos. En zonas de heladas conviene protegerlos o llevarlos a cubierto, ya que no resisten temperaturas de menos de 0º.

• Riego. Tanto el geranio como la gitanilla toleran bien cierta sequía —mucho mejor que el exceso de agua—, pero los riegos frecuentes en verano favorecen la producción de flores. Se debe procurar que el agua no se encharque, ya que podrían aparecer hongos que causan podredumbre. Tampoco se deben mojar las hojas y flores al regar. Prefieren una atmósfera más bien seca. Tampoco son exigentes con el sustrato: crecen bien en todo tipo de suelos.

• Abono. Mientras estén en flor, les irá bien recibir abono para plantas de flor, rico en fósforo y potasio, cada 15 días.

• Poda y limpieza. Reaccionan positivamente a los trabajos de poda y limpieza, otra de las claves de su cultivo. Un recorte vigoroso al final del invierno les conferirá vigor de cara al verano. Conviene incluso limitar su tamaño con podas regulares, y despuntarlos para que emitan brotes laterales y más flores. Lo mismo ocurre con las gitanillas: controlar su crecimiento les permitirá concentrarse en una mayor floración, al igual que pinzar de forma sistemática las hojas secas, flores marchitas y partes muertas, por su punto de unión al tallo.

• Plagas. El mayor enemigo de geranios y gitanillas es la polilla del geranio (Cacyreus marshalli), cuya oruga barrena los tallos y causa la muerte de la planta; se combate con un insecticida sistémico. El calor y la sequedad pueden favorecer la aparición de la araña roja.

Información relacionada:

• Las siete plagas de tu jardín, Verde es Vida nº 57, páginas 52-53.

Plantas culinarias ecológicas – Semprechef

SempreChef Culinary Plants es una colección de plantas para uso culinario, certificadas por el Comité de Agricultura Ecológica de la Comunidad Valenciana.
Semprechef cumple con las más estrictas exigencias del reglamento ecológico, con el objetivo de hacer llegar al consumidor un producto natural, exento de aditivos y residuos. Semprechef promueve hábitos de vida y alimentación saludables en un formato cómodo y extremadamente práctico, para llevar a la cocina un trocito de naturaleza, con toda su pureza, aroma y características originales.

Stevia ecológica. Planta de increibles poderes terapeúticos procedente de Praguay.

Albahaca ecológica

OCIMUM BASILICUM

Usos culinarios

Condimento para el “pesto italiano”, ensaladas de tomate. Acompaña muy bien al pollo y pesacados. Añadirlo a la comida al final de la cocción para que no pierda su aroma.

Propiedades

Se dice que ahuyenta los mosquitos.

Perejil ecológico

PETROSELINUM CRISPUM

Usos culinarios

Añada perejil para sazonar carnes, tortillas, salsa verde para mariscos y pescados, decorar platos.

Propiedades

Estimula el apetito, ayuda a la
digestión y al metabolismo. Alivia las molestias de la menstruación.

Tomillo ecológico

THYMUS COMUN

Usos culinarios

Aromatizar aceitunas, marinar carnes
y pescados, adobar carne de aves.

Propiedades

Recomendado en infecciones respiratorias, catarros, gripes, etc. Estimula el crecimiento del cabello.

Cebollino ecológico

ALLIUM SCHOENOPRASUM

Usos culinarios

Añada cebollino para completar ensaladas, tortillas, sopas frías.

Propiedades

En la cultura china lo utilizan como antídoto y como remedio para las hemorragias.

Anuales y Vivaces: anticipo de primavera

Antes de que los fríos del invierno se despidan del todo, estas anuales y vivaces ya llenan de colores los jardines, terrazas y balcones. Las encontrarás en tu centro de jardinería en febrero y marzo. Aunque algunas te parezcan las de toda la vida, cambian de año en año: los viveristas introducen mejoras y lanzan nuevas variedades.

Gazania (G. x hybrida ‘Grandiflora’)

La gazania es una planta anual oriunda de Suráfrica, ideal para las regiones secas y calurosas. Es poco tolerante al frío, pero a cambio tiene una gran resistencia a la sequía. Sus grandes flores amarillas, anaranjadas, rojas… aparecen durante los primeros meses de la primavera y se mantienen hasta el final del verano.

Primavera (Primula acaulis)

Esta planta anual es de las más precoces en florecer. Es muy fácil de mantener, siempre que se plante en una zona fresca y a media sombra. Resulta perfecta para macizos en tierras ricas, macetas y jardineras. En zonas de veranos frescos puede vivir varios años siempre que se vigile que no le falte riego en verano.

Margarita de los prados (Bellis perennis)

Anual de abundante floración precoz, da flores blancas, rojas y rosadas. Necesita un suelo fresco, rico en materia orgánica, riego moderado y exposición a pleno sol. Tolera las temperaturas bajas. Ideal para parterres, macetas y jardineras.

Margarita (Argyranthemum frutescens)

Vivaz de la familia de las compuestas, ofrece flores simples o dobles blancas, amarillas, rosadas y ahora incluso rojas (‘Starlight Red’). Vive bien en jardineras, parterres y macetas de gran tamaño y requiere pocos cuidados. Dado su rápido crecimiento es bastante exigente con el abonado. El pleno sol incentiva una floración abundante y continua desde finales del invierno hasta comienzos del verano. En las zonas frías hay que protegerla de las heladas.

Margarita del Cabo (Osteospermum ecklonis)

Margarita Del Cabo

Algunas variedades de la margarita del Cabo (Osteospermum) tienen pétalos en forma de cucharita.

Esta vivaz de origen surafricano antes conocida como Dimorphoteca brinda una precoz y larga floración. Junto a los colores blanco, lila, rosa, fucsia y púrpura de siempre ahora luce otros nuevos: anaranjados, ocres, malvas, amarillos (‘Yellow Halo’) e incluso bitonos (‘Volta’, rosa con el centro blanco). En algunas variedades, los pétalos de las flores se curvan en forma de cucharilla. Excelente en macizos, rocallas o jardineras en climas templados. Prefiere una exposición soleada en primavera y semisombra en verano en las áreas continentales. Se adapta bien a todo tipo de suelos. Es capaz de soportar heladas de hasta -5 grados si está bien implantada en el terreno. Requiere muy pocos cuidados. La inducción de la floración viene dada por la acumulación de horas de frío, por tanto da flor habitualmente desde finales del invierno hasta entrado el verano; en climas más frescos brinda una segunda floración en otoño.

Aubrieta (Aubrieta cultorum)

Vivaz resistente al frío, es inigualable llenando rincones y taludes no muy secos; es tapizante y vive a gusto en rocallas y en las grietas de los muros de piedra. Prefiere un sustrato neutro, no muy seco, rico en materia orgánica. Se da bien en exposiciones soleadas o en semisombra. Florece de marzo a mayo. Conviene aplicarle abono orgánico en primavera y una poda baja después de la floración.

Cantueso (Lavandula stoechas)

Es una de las plantas aromáticas por excelencia. Sus flores, de agradable perfume, se presentan en forma de espigas con grandes pétalos en lo alto. Es endémica en muchas zonas del área mediterránea, en terrenos más bien ácidos. La mayoría de las variedades actuales tienen un porte natural compacto, de modo que las podas deben ser esporádicas. Al ser acidófila y dado que las aguas de riego suelen presentar un alto contenido en cal se le debe aportar micronutrientes, especialmente hierro.

Conejitos o Boca de dragón (Antirrhinum majus)

Según el clima, esta especie de origen mediterráneo se comporta como anual o vivaz. Necesita un emplazamiento al sol o en semisombra y un suelo rico y bien drenado; no soporta las heladas. Últimamente se han introducido variedades muy floríferas, de colores muy atractivos o flores más grandes, como la variedad ‘Antirinca Peachy’. Es apta para tiestos, rocallas y arriates.

Clavel (Dianthus cariophyllus)

A partir de esta especie de origen mediterráneo, la hibridación ha dado lugar a una gran familia de plantas anuales de floración precoz, colores vivos y agradable perfume. Resulta tan adecuada en parterres como en macetas y jardineras a pleno sol; florece durante un largo periodo de tiempo. En zonas frías es mejor plantarla en tiestos y llevarla a cubierto durante el invierno. Hoy existen variedades muy espectaculares, como ‘Mondrian’, ‘Ten Nelke’ y ‘Carnelia’, al igual que la colección ‘Sunflor’, de flores dobles en siete tonos distintos. Más sobre el cultivo de claveles en Verde es Vida nº48, páginas 26-27.

Pata de canguro (Anigozanthos flavidus)

Unas curiosas flores rojas o amarillas que recuerdan la pata de un canguro caracterizan a esta vivaz rizomatosa originaria del suroeste de Australia. En las zonas cálidas ofrece una precoz y abundante floración. Es apta para la xerojardinería y requiere un suelo normal, exposición a pleno sol, y riego abundante mientras esté dando flores y escaso en invierno. Se aconseja abonarla con moderación. Para parterres, macetas y jardineras. En zonas frías se debe conservar dentro de casa durante el invierno.

Mesem o Margarita de Livingstone (Messembrianthemum)

Oriunda de la región del Cabo, Suráfrica, esta tapizante anual suculenta es muy apropiada para la jardinería sostenible. Sus copiosas y sedosas flores fucsias, amarillas, blancas o rojas aparecen desde comienzos de la primavera hasta que empieza el verano. Necesita mucho sol y temperaturas medias o altas; el frío y el exceso de agua la aniquilan. Vive mejor en suelos arenosos, pobres y bien drenados (ver ficha en Verde es Vida nº58, pág. 41).

Más flores de primavera temprana

  • Para sombra o semisombra, la violeta (Viola odorata), vivaz muy resistente al frío y poco exigente. Produce flores azuladas ligeramente perfumadas. Necesita un sustrato neutro, permeable y rico.
  • Las masas de flores blancas o rojas de la Saxifraga x arendsii, vivaz rústica, son de las primeras en aparecer en primavera. Tolera la sequía y es idónea para rocallas. La reciente aparición de nuevas variedades más compactas, como ‘Peter Pan’ o ‘Highlanders’, la ha vuelto a introducir con fuerza en los jardines. Necesita pleno sol en los climas frescos y semisombra en los cálidos, y un sustrato normal, nunca muy seco.
  • Otra vivaz muy resistente al frío es la Arabis caucasica, una rastrera que forma preciosos tapices de flores blancas entre febrero y abril. Necesita un sustrato neutro de riqueza media, permeable, entre húmedo y moderadamente seco. Prefiere una exposición a pleno sol.

Esta información ha sido elaborada con la colaboración de Corma y Grup Roig.

Jardín pequeño: Aprovechar el espacio

Para tener un bello jardín no hace falta disponer de mucho espacio, pero sacarle partido exige planificación. No se trata de quedarse en el rectángulo de césped con plantas alrededor. Hay todo un repertorio de trucos para crear zonas y focos de interés. Una chimenea para exteriores, un estanque, una fuente, un rincón chill out, unas plantas bien escogidas son solo algunos.

Jardin Pequeño

Jardin Pequeño

Uno de los retos a la hora de crear un jardín es aprovechar bien el espacio, algo imprescindible cuando los metros escasean. No hay lugar para la improvisación porque los errores, por pequeños que sean, no se pueden disimular.

La planificación es el punto de partida. Hay que empezar por tener claro qué áreas y elementos se quieren incluir: zona de estancia, chill out, pérgola, fuente, estanque, macizos con flores, algún árbol o arbusto aislado, zona de césped y áridos, caminos y pasos… No hay por qué renunciar a nada, en principio, pero sí distribuir las zonas al milímetro, y suprimir los caminos y pasos en la medida de lo posible.

Distribuir el espacio —por pequeño que sea— en sectores bien definidos contribuirá a crear sensación de orden y amplitud. Solo hay que echar mano de esos trucos de experto que permiten aprovechar bien la superficie disponible… y engañar al ojo para que parezca más amplio.

Despejar el espacio

La regla número uno es despejar el espacio, desplazando los elementos arquitectónicos y el mobiliario al perímetro, especialmente si son fijos.

Una asimetría ordenada, unos sectores bien definidos, el acierto en la elección de materiales y colores y, sobre todo, no recargar el espacio son aspectos clave en un jardín pequeño.

Pero si todo el jardín se alcanza de un vistazo será imposible disimular sus reducidas dimensiones, así que hay que aplicar la regla número dos: introducir algún elemento que rompa la continuidad visual. ¿El objetivo? Que haya zonas del jardín que no se perciban a simple vista. Es un efecto óptico que contribuye a dar sensación de profundidad.Ese elemento, además, servirá para fijar un punto visual central, que es la regla número tres. Puede ser una pérgola, una valla o un murete que delimite espacios, siempre ubicados sobre un lateral, no en el centro. El hecho de que exista un punto que focalice la atención, un golpe de efecto que rompa los límites, refuerza la ilusión óptica de que el jardín se prolonga más allá de nuestra vista.

Los materiales y el color

Una vez sentadas las bases, hay que escoger bien los materiales. El color es clave: los tonos claros crean sensación de amplitud, sobre todo en espacios pequeños sobre los que se proyectan muchas sombras (de edificios próximos, por ejemplo). Esta regla debe aplicarse tanto al color de las paredes, vallas y muros, pavimentos y muebles de jardín, como al de las plantas.

El orden racionaliza el espacio, lo que permite crear sensación de amplitud. Conviene, pues, utilizar formas definidas a la hora de distribuir las zonas: arriates, ejemplares aislados, zona de estancia… todo bien delimitado. Pero dos trucos potencian el efecto:

  • La asimetría —contribuye a que surjan rincones secretos—
  • La disposición en diferentes niveles —creando terrazas—, que confiere profundidad.

Respecto a las formas, delimitar áreas sinuosas, redondeadas, también amplía visualmente el espacio. Puede ser un camino —más ancho en el inicio y un poco más estrecho a medida que avanza hacia el fondo—, una zona de césped o áridos, una zona solada…

Menos es más

Otro recurso muy útil es, siempre que sea posible, aprovechar el paisaje que rodea al jardín e incorporarlo al propio. Lo más probable es que solo puedan vislumbrarse los ejemplares altos, como árboles y arbustos bien establecidos, tipo seto. Es una suerte, porque en ese caso, se puede prescindir de ellos en el propio, de modo que sean esos ejemplares del exterior los que proporcionen la masa verde que sirva de fondo. Y si el jardín está delimitado por un muro o una valla, cubrirlos de plantas —por ejemplo, trepadoras— permitirá que se fundan con el resto del jardín y se pierdan. Sin límites, el jardín no tiene fin.

Este recurso conduce a otra máxima a la hora de planificar un jardín pequeño: no recargarlo de plantas, elementos arquitectónicos o mobiliario. Tampoco de colores. Un jardín pequeño requiere más armonía, por eso, además de pocos elementos, han de estar bien escogidos.

Respecto a las flores, los colores claros potencian la sensación de luminosidad, especialmente si se cultivan al fondo del jardín: el espacio parecerá mayor. Los colores más vivos deben reservarse para la zona más próxima a la casa o la de estar, siempre que sean soleadas, y limitando la gama a un máximo de tres.

Jugar con las plantas

Barajar los diferentes portes, tamaños y épocas de floración o interés de las plantas permite sacar partido al rincón más pequeño. A ello contribuyen las plantaciones escalonadas, que potencian la perspectiva y crean profundidad. Como todo debe estar a escala, conviene elegir las variedades más pequeñas o enanas de una especie.

Hasta el tamaño de las hojas influye: los ejemplares de hoja grande deben estar más cerca de la casa y los de hoja pequeña, al fondo, así se pierden a la vista y parecerá que están más lejos. Aprovechar los paramentos verticales es otro de los recursos más socorridos cuando faltan metros: cubrir muros, pérgolas y arcos con trepadoras; colocar macetas en la pared, por ejemplo gitanillas (Pelargonium peltatum), como en los patios cordobeses; macetones con tutores dispuestos estratégicamente en un rincón a modo de columnas verdes… Cualquier hueco es bueno para colocar macetas: el alféizar de la ventana, los laterales de una escalera, una vieja mesa o un banco junto a una pared.

Plantas que sí

• Una base de perennifolias, tanto árboles y arbustos como herbáceas, que tengan buen invierno y garanticen color todo el año.

• Para las plantaciones estables conviene elegir especies que sean atractivas la mayor parte del año, o al menos dos de las cuatro estaciones: lantanas, madroños, arces japoneses, Nandina domestica, Pittosporum (existen variedades enanas), Coprosma…

• Plantas de crecimiento lento, que garanticen formas más ordenadas y reduzcan el trabajo de mantenimiento.

• Trepadoras no demasiado volubles, que crezcan muy pegadas a la pared, como las hiedras; incluso árboles y arbustos en espalderas.

• Plantas aromáticas: un jardín pequeño es un lugar perfecto para disfrutar de sus flores y su aroma.

• Árboles pequeños de hoja caduca, si se van a plantar cerca de la vivienda, de manera que el sol pueda entrar en invierno.

• Arriates con un solo tipo de flor, eso sí reflorecientes, como las alegrías (Impatiens), o de distintas flores en la misma gama tonal.

• Gramíneas, que tienen un bello otoño e invierno y no necesitan mantenimiento; incluso bambú, aunque bajo estricto control.

• Phormium, de hojas como espadas, en sus variedades enanas.

Plantas que no

• Árboles y arbustos que concentren su atractivo en periodos cortos de tiempo.

• Trepadoras muy volubles, de crecimiento tupido y desordenado, como la madreselva (Lonicera); resultan invasivas.

• Salvo en zonas muy acotadas, cactáceas, palmeras (sobre todo si son bajas, como la Cyca revoluta) y especies de hojas puntiagudas, como la yuca (Yucca gloriosa): pueden resultar peligrosas.

• Si hay niños en casa, las plantas tóxicas (adelfas o Nerium oleander, Euphorbia continifolia, Brugmansia o datura) y espinosas (Chaenomeles japonica, Berberis, rosales).

• Macizos de anuales muy variadas, sobre todo si no se ha planificado la plantación a partir de su calendario de floración.

• Ejemplares de hoja muy oscura (algunos Acer palmatum, Magnolia liliiflora, Cotinus ‘Royal Purple’), excepto si se ubican en zonas muy soleadas o en combinación con especies de tonos plateados.

Más información:

• Un jardín bonito todo el año, Verde es Vida nº 57, páginas 6-11.

• Jardines de sombra, Verde es Vida nº 54, páginas 20-24.

Rosales en la terraza

Aunque no tengas jardín, no te prives del placer de cultivar rosas. Algunas variedades crecen bien en una maceta o un tiesto en una terraza o balcón. Es más, algunas han sido concebidas a propósito para vivir en contenedores. Solo hay que respetar sus necesidades.

Rosales en la terraza

Rosales en la terraza

Hay pocas plantas tan generosas como los rosales, que ofrecen su copiosa, prolongada y, la mayoría de las veces, perfumada floración, y se adaptan prácticamente a todos los climas. Una terraza o un balcón también puede ser un buen lugar para cultivarlos, siempre que reciban sol y se contemplen sus exigencias, que no son muchas ni complicadas.

  • Los tiestos. Los rosales necesitan un suelo profundo. Es importante plantarlos en tiestos sobre todo hondos, de al menos 40 a 50 centímetros de altura.
  • El sustrato. Es imperativo que el suelo contenga arcilla, es decir que sea fresco. Escoge un sustrato específico para rosales, o en todo caso para arbustos o jardín. Verifica bien su composición, ya que debe ser ligeramente ácido (aunque algunos los prefieren alcalinos), y rico en limo. Es importante que te asegures de que el drenaje funciona bien: el exceso de agua perjudica a los rosales.
Los rosales exigen una maceta profunda y un sustrato fresco, de naturaleza arcillosa, rico en limo y con buen drenaje.
  • La plantación. Se debe llevar a cabo en abril o mayo. Vigila que el punto de injerto no esté enterrado. Riega copiosamente cuando lo plantes para que las raíces tomen contacto con el sustrato.

Los cuidados necesarios

El mantenimiento de los rosales que viven en una terraza no difiere del que necesitan los de jardín.

• Poda los chupones y elimina las flores marchitas.

Riega regularmente en primavera y verano.

Cubre el pie con una capa de mulching: paja, bolitas de arcilla (nunca corteza de pino, demasiado ácida) para limitar la evaporación.

• Aplica abono granulado para rosales dos veces al año: después de la poda de invierno y después de la primera floración, para favorecer la de otoño.

En invierno no los riegues, excepto si no reciben nada de agua de lluvia. Si hace mucho frío envuelve el tiesto con un acolchado plástico y aíslalo del suelo.
Información relacionada:

• La salud de los rosales, Verde es Vida nº63, páginas 54-55.

• La explosión de las rosas, Verde es Vida nº51, páginas 6-9.