Tareas del huerto familiar

huerta Jardinarium OriamendiA continuación describimos las tareas más habituales a desarrollar en nuestro huerto familiar, generales de cualquier tipo de cultivo.

Estas tareas serán mucho más fáciles de desarrollar a partir del segundo año de cultivo del huerto, cuando ya contemos con cierta experiencia.

Así mismo ya tendremos mayor dominio de las técnicas y de las herramientas y podremos ir seleccionando aquellas que se adapten mejor a la situación particular de nuestro huerto.

La siembra, el transplante y la plantación

Para que germinen en forma óptima las semillas suele ser necesaria la siembra en semillero, que es el lugar óptimo para su desarrollo ya que podemos controlar las condiciones ambientales.

Los semilleros deben cumplir unos requisitos imprescindibles:

– deben permanecer ventilados pero protegidos de las corrientes fuertes de aire

– deben estar bien iluminados con la luz natural, pero sin sol directo

– se debe mantener una temperatura media entre 15 y 21ºC.

– los situaremos en la parcela más cálida del huerto y, de poder ser, adosados al muro de una vivienda que es una fuente de calor en invierno.

El semillero en si se puede hacer con un cajón de madera, con bandejas hortícolas profesionales, con cajas de fruta reutilizadas, en terrinas de plástico, yogurteras, macetitas etc… o directamente en pequeñas parcelas bien protegidas.

Las semillas se esparcen de forma superficial en el semillero, tapándolas muy ligeramente con substrato muy fino como COMPO SANA Semilleros. Este substrato especial incorpora, el producto Agrosil, que favorece el desarrollo incipiente de las raíces de las plántulas recién nacidas.

Una vez sembradas se dará un riego en forma de ducha fina evitando encharcamientos. Los riegos en el semillero deben ser frecuentes pero con poca cantidad de agua cada vez, proporcionando humedad constante a las semillas y evitando el secado del substrato.

Las cajoneras se taparán con una protección de cristal o plástico transparente para mantener el calor y la humedad, la cual debe mantenerse levantada cada día durante las horas más cálidas para conseguir una renovación de aire suficiente.

Los semilleros se mantendrán así, cálidos y húmedos, hasta que se produzca la germinación y aparezcan las primeras 2-3 hojitas del plantón. Entonces procederemos a realizar un aclareo, el cual nos servirá para seleccionar y eliminar los plantones débiles o defectuosos. Con el aclareo es suficiente dejar un espacio de dos dedos entre cada plantón. A partir de entonces se suele retirar la protección de las cajoneras pues se inicia un período durante el cual la luz es esencial para los plantones en crecimiento.

Cuando los plantones hayan desarrollado un sistema radicular suficiente y presenten unas 4-5 hojas se transplantarán definitivamente a los bancales del huerto. Para facilitar el transplante se dará previamente un riego copioso al semillero para evitar daños en las raíces adheridas al substrato donde se asienta.

Previamente al transplante se acondicionará el terreno con los surcos o bancales necesarios. El trasplante se realiza con la ayuda de la pala de plantar, abriendo los hoyos necesarios, donde debe caber, entero, el cepellón que obtengamos para cada planta del semillero.

En la plantación de plantones adquiridos ya enraizados iniciamos aquí el proceso, de igual manera, pero habiendo sumergido unos minutos los plantones en agua para facilitar su asentamiento en el hoyo de plantación.

Una vez realizado el transplante definitivo se regará cuidadosa y abundantemente con ducha de gota muy fina. Durante varios días después se procurará mantener la humedad constante hasta que las plantas empiecen otra vez a emitir una hilada nueva de hojas y su sistema radicular haya atravesado el cepellón del plantón.

El riego y el abonado

El riego de nuestro huerto debe efectuarse en la medida necesaria para satisfacer las necesidades de las hortalizas.

Por este motivos debemos agrupar las hortalizas según sus necesidades hídricas. Debemos utilizar sistemas que nos permitan ahorrar el agua en los climas más rigurosos.

En los climas más húmedos y lluviosos debe facilitarse al huerto un correcto sistema de drenaje y evacuación del agua antes de empezar el cultivo de las hortalizas.

En cuanto al abonado principal del huerto este debe ser el abonado de fondo que se realiza en las labores primeras de preparación del terreno destinado a huerto.
Con la adición de la materia orgánica bien compostada, como COMPO Guano, en la proporción adecuada nos aseguramos un buen abonado para un par de años.

Los abonos inorgánicos, que se presentan generalmente en forma granulada, como los COMPO Nitrophoska, se liberan más rápidamente que los orgánicos y se usan con el huerto ya en marcha. Cada especie hortícola tiene
unas necesidades de nutrientes específica según los parámetros de su desarrollo.

Los cultivos de hoja (lechugas, coles, espárragos, apios, etc.) exigen mucho nitrógeno (N). Los cultivos de raíz (patatas, rábanos, nabos, etc.) más proporción de potasio (K) y fósforo (P).

Las bases para un correcto programa de abonado para cada hortaliza son:

La ley del mínimo: ofrecer la cantidad mínima indispensable de nutrientes para el desarrollo correcto de la hortaliza.
La ley del máximo: un aporte superfluo de nutrientes no redunda en un incremento de la cosecha y, en la mayoría de casos, resulta perjudicial.

Labores de mantenimientos

Las hortalizas que van creciendo en el huerto deberán recibir una serie de labores culturales de mantenimiento con el fin de conseguir su buen desarrollo y un rendimiento mayor.

La escarda
Consisten en romper ligeramente la superficie del terreno en forma ligera para mantenerlo suelto e impedir la formación de compactaciones así como para controlar la aparición de malas hierbas. Así también logramos una mejor penetración del agua.
Al aprovechar la labor de la escarda efectuamos un aporcamiento o recalce de las plantas acumulando un poco de tierra al pie de las mismas y, así, proporcionarles mayor estabilidad frente al viento y mejor protección de su sistema radicular.

La poda o pinzado
Tiene como objetivo el frenar u orientar el desarrollo apical las plantas favoreciendo la fructificación. Se trata de potenciar los brotes auxiliares de las ramas despuntando el tallo principal en algunos cultivos de fruto para que ramifiquen y aumenten la producción: berenjena, pimiento… En otras se trata de seleccionar sólo dos tallos principales por planta: melón, tomate…

El entutorado
Colocación de guías o soportes para alzar los tallos trepadores o rastreros y no entren en contacto con el suelo.
Se pueden utilizar diversos materiales como cañas, ramas de brezo, guías finas de madera, etc. A ellas se atan las plantas con esparto o hilo plástico. También se usan alambres plastificados o mallas de plástico ligero ya montadas y tensadas sobre pies verticales robustos.
Aunque las mallas suelen durar más que las ramas y las cañas el encanto de un huerto con sus cañas de hortalizas trepadoras no tiene comparación alguna.

La rotación de los cultivos
Para no esquilmar el terreno, es decir, para no agotar un tipo de nutriente del suelo se deben practicar rotaciones de cultivos anuales y plurianuales.
Se debe secuenciar el cultivo de las hortalizas más exigentes en nutrientes, (las de bulbo, tubérculo o raíz); seguidas por las de hoja, flor, fruto y semilla, combinándolas en las parcelas con las menos exigentes en nitrógeno como son por ejemplo las leguminosas, las cuales no precisan apenas aportaciones de este macroelemento porque sus raíces lo fijan directamente a través de la atmósfera.
Como resulta difícil para un aficionado el conocer todas las exigencias del cultivo de sus plantas hortícolas , asociándolas con unos parámetros óptimos de rotación, indicamos en la siguiente lista y para que sirva como ejemplo, una guía con la alternancia racional en la plantación de diversas hortalizas, según una serie de parcelas y con respecto a un plan cuatrienal programado.