Introducción al huerto familiar

Antaño el cultivar un huerto familiar con árboles frutales se consideraba un medio económico de subsistencia, ya que un trozo de terreno nutría permanente a la propiedad con hortalizas y frutas de temporada.

Hoy en día el desarrollo de un pequeño huerto lo podemos asociar más con el ocio que con la propia necesidad. Muchas personas desean disfrutar con un hobby adicional cuidando sus plantas y permaneciendo en contacto constante con la naturaleza.

Huerta familiar Jardinarium OriamendiSin ser unos expertos hortelanos podemos disfrutar cultivando nuestro propio huerto en el espacio que tengamos: en el exterior de nuestras viviendas, en nuestras fincas de recreo, en el balcón, etc … cosechando y consumiendo nuestras propias y sabrosas hortalizas o frutos. Degustar una lechuga o un tomate recién recogido de nuestro vergel puede llegar a convertirse, para algunos, en un placer místico.
Además esta afición es una terapia muy recomendable y efectiva contra el estrés de la vida diaria.

La filosofía de esta página no es la de versar sobre el extenso y magnífico mundo de la horticultura sino, más bien, dar cuatro ideas básicas sobre la sencillez de un pequeño huerto doméstico.
Nuestro objetivo es ser un práctico y experto ayudante en las labores de cultivo de las plantas del huerto, así como sobre la nutrición para este tipo de plantas y sobre su protección fitosanitaria.

Qué necesitamos y qué tenemos para hacer un huerto

Lo primero que debemos plantearnos es si disponemos de los requisitos mínimos que nos permitan desarrollar nuestro huerto con unas mínimas garantías. Disponemos de terreno llano? De cuanta superficie podemos disponer? Disponemos de agua suficiente? Durante todo el año? De cuanto tiempo queremos disponer para dedicar al huerto familiar?
Todas estas preguntas y cuestiones se deben plantear antes de empezar. Plantearse todo esto a medio camino suele llevar al fracaso del huerto.

Cuando decidimos aventurarnos en la experiencia de cultivar un huerto familiar en el jardín debemos tener muy claro que es un camino con retorno. Si lo probamos y no nos convence siempre podemos reconvertir el huerto nuevamente en jardín.

La superficie mínima la debemos fijar nosotros mismos, en función de la parcela o terreno realmente disponible. Inicialmente no suele ser recomendable destinar más del 10% de la superficie disponible del jardín a huerto, una vez restadas las partes ocupadas por pavimentos, construcciones auxiliares, etc.

Así mismo la cantidad y calidad del agua de que dispongamos nos puede determinar tanto la extensión del huerto como los cultivos a desarrollar.

El tiempo de dedicación previsto también es básico, ya que nos podemos plantear un huerto activo durante todo el año o solo en las épocas en que tengamos mayor disponibilidad.
Estos tres factores: espacio, agua y tiempo son los que nos determinarán las medidas, los tipos de huerto y las épocas de cultivo preferente de nuestro huerto.

Así pues, y como indican diferentes estudios avanzados sobre los huertos de tipo doméstico, no se puede estimar ninguna superficie mínima para poder hacer un huerto doméstico.
Hay fabulosos huertos domésticos en terrazas y balcones muy bien aprovechadas de ciudades compactas y extensos huertos donde se pierden las cosechas porque sus cultivadores no dan abasto en las cosechas.

Se trata, pues, de encontrar nuestro huerto a nuestra justa medida, teniendo en cuenta lo dicho sobre el espacio, el tiempo y el agua disponibles.

El cultivo del huerto

Destinar una pequeña parte de nuestro jardín no debe representar aumentar mucho nuestra dedicación. La diferencia más destacada de un huerto respecto de un jardín es la vigilancia continua que debemos establecer para conseguir la mayor calidad y cantidad en la cosecha.
Este es el aspecto principal que lo diferencia del resto del jardín, donde la calidad o cantidad de flores o de brotes, etc no es tan significativo o importante.

Lo que si hay que tener en cuenta es que una vez iniciado el cultivo de una o otra especie la falta de atención durante unos pocos días puede representar la perdida de la cosecha.
Así conviene conocer, de antemano, las necesidades de cada cultivo en cuanto a espacio, agua, nutrientes, sol, temporada de cultivo… y sus posibles afectaciones de plagas y enfermedades.

Emplazamiento y exposición: terreno, suelo y luz

En general el mejor emplazamiento para el huerto es en una parte del jardín bien soleada, bien aireada y bien drenada.
La mayor parte de los cultivos típicos del huerto requieren sitios con buena insolación por lo que las orientaciones sur y suroeste suelen ser las mejores.

Los emplazamientos donde hay tendencia a encharcamientos y donde no corre el aire son ideales para el desarrollado de enfermedades de todo tipo y para la invasión de plagas.

También cabe evitar las ubicaciones demasiado expuestas a fuertes vientos, que dañan los frutos y cosechas.

En el caso de terrenos muy arcillosos o sin salida natural del agua se pueden producir encharcamientos por falta de drenaje correcto. Si no disponemos de otro espacio mejor este aspecto debe ser corregido mediante la ejecución de las obras de drenaje y evacuación de agua necesarias.

El suelo debe ser mullido y profundo, más bien fresco, de consistencia media y no excesivamente compactada, con buena capacidad de retención de agua y excelente drenaje.

Cuando el suelo disponible se aparte de estas características podemos corregirlas mediante algunas modificaciones:

– En suelos pesados y arcillosos se aportará materia orgánica mezclada con arena de río o gravilla ligera para mejorar el drenaje y la aireación del terreno.
– En suelos ligeros y arenosos, se efectuará una aportación copiosa de materia orgánica y turba.

El sistema más práctico para evitarnos trabajos de mejora muy pesados consiste en aportar al suelo Substrato COMPO SANA Plantación, en proporción del 50%, mezclándolo con la tierra propia del terreno.
Este último caso se recomienda en huertos de pequeñas dimensiones (10-20 m2).

Todos los trabajos de preparación del terreno se deben realizar unos dos meses antes de la plantación del huerto y deben incluir una labor profunda de todo el terreno dedicado a huerto, labrándolo a 30-40 cm de profundidad.

Como paso previo al trabajo de mejora del terreno suele ser necesaria la eliminación o el transplante de la vegetación existente, ya sea un terreno con maleza o un jardín cuidado.
Estas operaciones deben hacerse en la época adecuada y con la antelación necesaria para evitar problemas en la prelación correcta del terreno.